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Una aseguradora, condenada por “temeridad” en un juicio de tráfico

Con un testigo en su contra, se negó a pagar un accidente sin proponer prueba alguna.
BDSMercado

El Juzgado de Primera Instancia número 2 de Las Palmas de Gran Canaria ha condenado a una aseguradora a pagar los honorarios del abogado y procurador de la parte contraria en un juicio verbal por accidente de tráfico, debido a su “temeridad o mala fe”, según recoge la sentencia, al negar su responsabilidad en el siniestro sin “justificar de forma mínima su posición”.

La sentencia detalla que el caso no revestía mayor complicación: se trataba de unos daños tasados en 495,50 euros, presuntamente causados por una conductora al colisionar su turismo contra una moto cuando maniobraba en salida de aparcamiento.

La conductora del turismo se fue del lugar sin dejar señas, pero un testigo tomó su matrícula y se la proporcionó al dueño de la motocicleta, que denunció el caso. “Frente a tales pretensiones se opone la parte demandada negando la realidad del siniestro y en consecuencia su realidad”, detalla la resolución judicial. “De forma incomprensible, la parte demandada no propone más prueba que el interrogatorio del actor [el conductor de la motocicleta] que no vio el accidente y no se propone testifical por parte de la demandada [la aseguradora] que pueda justificar de forma mínima su oposición” añade.

El magistrado continúa: “De esta manera, únicamente se puede tener en cuenta la declaración testifical propuesta por la parte actora, testigo presencial que acredita cumplidamente la forma en la que se produce el accidente y en consecuencia los daños que se reclaman, por lo que debe en consecuencia estimarse la demanda”.

Por otro lado, el magistrado Juan Avello recuerda en la fundamentación del fallo que, según estudios publicados por el Consejo General del Poder Judicial en 2008, el “coste social” de un proceso verbal era a principios de la pasada década de 2.610 euros, cifra que con toda seguridad en la actualidad “será mayor”.

Abuso del proceso

“Que las compañías mantengan litigios por determinadas consecuencias derivadas de accidentes de tráfico de escasísima cuantía, cuando el accidente se cuestiona sin una mínima base que justifique tal posición, como en el presente caso”, subraya el juez, “constituye cuanto menos un abuso del proceso determinante de un daño para los intereses generales que puede dar lugar a responsabilidad (…), pues tienen a su alcance otros métodos de realizar el valor de lo justo en cada caso concreto mucho más barato, mucho más rápido y menos gravoso para las arcas públicas, como puede ser la mediación, cuyo uso ni siquiera intentan”.

También recuerda el magistrado que en un proceso normal, cuando se estima la demanda, se produciría una condena automática en costas para la parte aseguradora, pero no en lo referente al pago de los honorarios de abogado y procurador de la parte contraria, al tratarse de procesos en los que su presencia no es preceptiva. Hay una excepción y es que se aprecie temeridad o mala fe.

“En el presente supuesto”, destaca la sentencia, “debe apreciarse temeridad en la oposición de la parte demandada, no solo en base a los argumentos ya expuestos (…), sino en la consideración que la oposición formulada carece del más mínimo sustento probatorio que la justifique”.