Isabel Burón, Partner de Clyde & Co. y Ana Gallego, Associate de Clyde & Co.
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Sobre las reglas de interpretación de los contratos: ¿es la infección por Covid-19 una «inoculación accidental»?

Isabel Burón, Partner de Clyde & Co. y Ana Gallego, Associate de Clyde & Co.
BDSMercado

El pasado 10 de enero de 2022, un juzgado de Madrid dictaba sentencia parcialmente estimatoria de la demanda presentada por los familiares de un médico contra una aseguradora -en virtud de la póliza de accidentes que este tenía contratada-, con ocasión del contagio de Covid-19 y posterior fallecimiento del asegurado al inicio de la pandemia.

Uno de los debates suscitados en relación con el caso analizado radica en la interpretación del término “inoculación”, que ha llevado precisamente a la estimación parcial de la demanda presentada. Desde su publicación, la sentencia ha recorrido los diarios de mayor difusión en nuestro país por la interpretación, para muchos desafortunada, de uno de los riesgos cubiertos por el seguro de accidentes en cuestión, que se refería a las eventuales “inoculaciones infecciosas o pinchazos que sufren los profesionales en el ejercicio de su actividad” y cuyo alcance y contenido la Juzgadora ha asimilado a la transmisión por el aire del virus del Covid-19 -acaecida en los hechos dirimidos-, como una suerte de “inoculación accidental”.

Efectivamente, la acción de inocular, entendida como la introducción de una sustancia que contiene el microbio causal de una enfermedad -según definición de la RAE-, no implica que dicha introducción se lleve a cabo de manera activa o voluntariamente por una persona, sino que también puede producirse de manera accidental por la inhalación de aire.

Cuestión distinta es que dicho término fuera o no unívoco, como la propia magistrada reconoce en la sentencia que no fue a la hora de excluir la aplicación de los intereses del artículo 20 LCS, y en relación con los cuales señaló: “siendo controvertida la interpretación de la póliza y la cobertura del siniestro por las partes, dada la compleja controversia sobre el concepto de inoculación accidental, se da el supuesto de hecho contemplado en el artículo 20.8 (…)”.

Nos encontramos ante un término de significación compleja, que no es claro y que, en consecuencia, no debería ser objeto de una interpretación literal conforme a las reglas generales de interpretación de los contratos de los artículos 1281 a 1289 del Código Civil. En este sentido, no puede obviarse la extensa jurisprudencia sobre la necesidad de acudir a las restantes reglas interpretativas -como es la intencional-, cuando las cláusulas o términos contractuales no son claros y cuando restan dudas respecto de la intención real de los contratantes; dudas que, en este caso, y como era reconocido por la juzgadora, son palmarias.

Resulta cuando menos dudoso que la intención de los contratantes al suscribir el seguro de accidentes y, en concreto, al cubrir el riesgo de inoculaciones y pinchazos -que, dicho sea de paso, por algo se incluyeron de manera conjunta en la póliza- fuera la de cubrir el riesgo de cualquier tipo de contagio sin excepción con ocasión de la actividad profesional desarrollada. Se trata de una interpretación completamente alejada del objeto del seguro, que, además, convierte a la cláusula interpretada en el cajón desastre para cualesquiera otros contagios o transmisiones que no tuvieran previsión específica en la póliza suscrita.

En cualquier caso, la sentencia nos muestra, una vez más, la importancia que a nivel práctico conlleva la definición y concreción de las pólizas, así como la permanente dificultad existente al tener que adaptar las mismas a la realidad social cambiante y que, en ocasiones excepcionales -excepcionalidad que con mayor frecuencia se torna habitual- nos supera.

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