En este sentido, afirmó que lo que ha planteado el Gobierno “no es una reforma del sistema”, puesto que el sistema “sigue siendo el mismo” al tratarse de un sistema de reparto que toma en consideración los mismos factores que antes, si bien ahora lo que “se hace es reforzar esos parámetros”. “Una reforma de verdad implicaría un cambio más radical”, y añadió que, en su opinión, “es imprescindible adoptar medidas para garantizar la sostenibilidad del sistema porque el planificar a muy largo plazo cuál puede ser la pensión esperada en el momento de nuestra jubilación, tiene mucho que ver con que sea sostenible y que los futuros pensionistas no se vean sorprendidos por una limitación de aquella esperanza de pensión con las que habían pensado”.

Por ello, opinó que con la reforma emprendida “no se pretendía un cambio tan radical”, sino continuar con la reforma de 2011, la cual, agregó, “se quedó corta en objetivos”. Ahora, añadió, lo que “el Gobierno hace es acercar más ese efecto, anticiparlo y poner ciertos límites a los parámetros y dejar preparada ya la senda para el futuro de la pensión en los próximos años”.

Para la presidenta de UNESPA, la información sobre la expectativa de pensión es algo que cualquier cotizante debería “tener en la mano” para poder planificar su combinación de consumo y ahorro a lo largo de toda su vida activa y pasiva. Se trata, dijo, de que cada uno de los cotizantes vaya planificando que porción de su salario consume y qué porción ahorra. El ahorro, explicó, se puede computar tanto a través de aportaciones a los sistemas de pensiones privados como por la vía de cotización a la Seguridad Social; “no se trata de contraponerles, se trata de complementarles”, comentó.

Por otra parte, confió en que el Gobierno, ante el cambio en la fiscalidad anunciado, “tome en consideración los beneficios macroeconómicos” que se generan “cuando las masas de ahorro finalista y a muy largo plazo crecen”.