Traemos a colación estas onomásticas, en términos estrictamente profesionales -y vaya por delante la disculpa por herir, sin intención, las lógicas sensibilidades-, porque ambas fechas representan dos importantes hitos en el devenir de la industria del Reaseguro.

La más alejada en el tiempo, el 11S, marcó un antes y un después en la historia del Reaseguro, culminando un periodo previo de deterioro insostenible en los márgenes técnicos, para abrir, paradójicamente, la más larga etapa que se recuerda de bonanza en el sector, tan solo interrumpida, y luego reforzada, por ciertos eventos catastróficos, como el señalado en primer lugar o el ciclón Katrina, en agosto de 2005.

El caso es que, dentro de esa fase de ciclo tan positiva, que en términos generales aún perdura, cinco años sin grandes acumulaciones siniestrales, cinco años de “mercado blando”, parece que puede incidir en debilitar la disciplina técnica de los reaseguradores por encima de los límites aconsejables.

Decimos “parece” porque no es fácil constatar eso en las cuentas de resultados de los reaseguradores que, al menos hasta el final de 2015, no han dado señales de deterioro.

Algo similar ocurre en la importante faceta inversora de la actividad, donde las anunciadas amenazas de penurias en los rendimientos no se han materializado aún en los balances.

“¡Qué viene el lobo!” se titulaba el artículo publicado en esta misma tribuna hace un año. Pues el lobo ha llegado, sin duda, y sus orejas se vislumbran en este 2016.

En un entorno económico empantanado, con tipos de interés negativos y con los márgenes técnicos ya muy ajustados, el Reaseguro, que ha capeado terroríficas tormentas en los procelosos mares que caracterizan a su negocio, ha de navegar ahora en unas aguas más difíciles de gestionar: la “calma chicha”.

En los próximos días, NACIONAL DE REASEGUROS publicará su tradicional estudio sobre el Reaseguro en España, coincidiendo con la XXXIV edición del ENTRE. En dicho informe y en ese foro se ampliarán los aspectos antes esbozados. El debate sobre las muchas fortalezas y amenazas que caracterizan a este subsector del seguro está servido, y también será interesante poner de manifiesto algunas peculiaridades del mercado español.

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