Recalcaba en concreto en ella que "el corredor es por ley objetivo e independiente y eso ofrece confianza, porque no puede 'mantener vínculos de afección' con entidades aseguradoras y ofrece asesoramiento profesional imparcial a quienes demandan la cobertura de los riesgos a que se encuentran expuestos sus personas, sus patrimonios, sus intereses o responsabilidades".

Aludía también al valor que se concede al asesoramiento profesional en el caso de médicos, abogados y arquitectos, por ejemplo, mientras que, sin embargo, "la gente no tiene interiorizado que el seguro es algo complejo, muy delicado, que no se puede contratar a la ligera. De ahí las sorpresas y disgustos a la hora de la verdad".

Iglesias concluía así que "lo razonable es ponerse en manos de un profesional que asesore. Los corredores deberán informar a quien trate de concertar el seguro sobre las condiciones del contrato que a su juicio conviene suscribir, ofreciendo la cobertura que, de acuerdo su criterio profesional, mejor se adapte a las necesidades de aquel y velarán por la concurrencia de los requisitos que ha de reunir la póliza para su eficacia y plenitud de efectos. Es decir que un seguro con corredor, es más seguro".