Ahora que se aproxima la Navidad quizá convendría recordar un lema, o “eslogan” (ese “grito de guerra” de los escoceses que fue adoptado por la publicidad y la propaganda), para resumir en pocas palabras a qué se dedica la industria del Seguro: a trabajar por una sociedad más segura y resiliente. El mérito de esta frase no es mío, sino de un profesional tan admirado como Michel M. Liès, CEO de SWISS RE en su momento.  

El hecho de colaborar durante siete años con esta reaseguradora, hoy la primera del mundo, me permitió conocer, tanto en Madrid, como en Zúrich y otros lugares, lo prácticos que suelen ser los suizos a la hora de separar conceptos y negocios. Entre otras cosas, porque si ganas la batalla del concepto, detrás viene el negocio. Se dice que los altos ejecutivos venden ideas y los detalles se los ceden al siguiente escalón.

Esto viene a cuento respecto al momento en el que nuestra sociedad está instalada, donde las incertidumbres superan a las certezas y donde se vislumbran graves amenazas. Conceptualmente, el Seguro tiene un largo recorrido por delante y la digitalización y otras tecnologías de impacto harán cambiar enfoques y procedimientos, pero no su esencia. No el concepto.

Entre esas graves amenazas, que se dan en España y también son globales, se sitúa la desigualdad y la injusticia. El Seguro como sector influyente puede hacer oír su voz en este ámbito, pero las decisiones son sobre todo políticas. Me revuelvo, literalmente, cada vez que pienso en los 13 millones de personas que hay en nuestro país en riesgo de pobreza, de los cuales 1,5 se encuentran en pobreza severa. En un encuentro de este año celebrado por el CAI en el mes de julio sobre microseguros, me atreví a llamar la atención sobre la necesidad de poner el foco también en nuestro país, aunque un pobre español tenga alguna diferencia con los del Tercer Mundo. ¿Cómo vamos a arreglar el mundo si no somos capaces de arreglar lo nuestro?

Por otro lado, la agudización de las variaciones demográficas y el cambio climático no auguran el mejor de los escenarios. España envejece a toda velocidad y la prolongación de la vida exige soluciones en materias como salud, dependencia o financiación. Pero, como hacen los aseguradores y gestores de pensiones, mirarse en el horizonte de 2050 quizá sea quedarse corto. ¿Han caído en la cuenta de que en 2100 el mundo puede llegar a tener 18.000 millones de seres humanos, o más? [El mundo duplica su población cada 50 años] Cómo se les proporcionarán alimentos, vivienda, servicios de salud y se cubrirán otras necesidades a día de hoy son una incógnita.

En cuanto a cambio climático, algo en el que algunos reaseguradores y aseguradores globales se han puesto en primera fila, primero para concienciar y luego para actuar, ya no solo hemos sobrepasado los 2 grados de temperatura que constituían el límite máximo del acuerdo de París, sino que vamos por los 3 grados o más. O sea, un desastre sin paliativos que comprobamos en los cambios estacionales. Y si en España las sequias y los temporales asolan las tierras e inflan la carga de siniestros, en los países subdesarrollados estas situaciones conducen directamente al hambre.

Todo indica que este año que termina la economía española habrá crecido por encima del 3% y también los seguros, tanto en No Vida como en activos gestionados en Vida. Solvencia II se encuentra bien asentada y no ofrece sobresaltos en el escenario español. Por otro lado, esperemos que en 2018 la nueva Ley de Distribución de Seguros y Reaseguros Privados esté vigente y se avance en iniciativas relativas a Mutualidades, que gestionan más de 40.000 millones de euros, o en la transposición de la Directiva de Fondos de Pensiones de Empleo y algún que otro reglamento. Hay expectación sobre cómo afectará el Reglamento de Protección de Datos que regirá en toda la UE a partir del 25 de mayo.  

En otro plano, el país está a la espera del encaje de Cataluña, también vital en el desarrollo de la actividad aseguradora en España, porque de lo que allí suceda dependerá que ciertas operaciones se puedan seguir realizando como hasta ahora. De todos modos, seamos realistas y pidamos lo imposible (célebre frase de Miguel Bakunin): que nos entendamos. Los consensos como los imanes, atraen la prosperidad y nos hacen más fuertes y resilientes frente a la adversidad.

Espero que tengan unas felices Navidades y estén preparados para afrontar un 2018 plagado de incertidumbres.    

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