Asimismo, reconoce que no hay nada especialmente que no quisiera volver a vivir. “En estos años han pasado cosas buenas y mejores. Entiendo que todo ha sido necesario. Afortunadamente estoy, y estamos, en un sector extraordinario. Somos lo que somos por lo que hemos vivido y hay que seguir viviéndolo”, subraya. ¿Qué le ha aportado el paso de los años?, pues no duda en decir que, sobre todo, “paciencia, mucha paciencia, serenidad y capacidad de negociación”. De momento no piensa jubilarse, pero ya está delegando algunas tareas a su hija. ¿Qué le ha aportado el paso de los años?, pues no duda en decir que, sobre todo, “paciencia, mucha paciencia, serenidad y capacidad de negociación”. De momento no piensa jubilarse, pero ya está delegando algunas tareas a su hija.

 ¿Cómo llegó al sector asegurador?

Llegué casualmente. Mi padre trabajaba en el sector textil, yo era el mayor de cuatro hermanos y la economía familiar era la que era; así fue cómo, a través de unos conocidos de mi padre, comencé a trabajar de botones en una compañía de mi ciudad natal, Alcoy.

¿Cómo era el sector cuándo usted comenzó a trabajar hace cincuenta años?

Rafael Ponsoda.- ¡Qué diferencia de lo de antes a lo de ahora¡ Recuerdo con cariño aquellas tarifas de del Sindicato Vertical del  Seguro. Todas las compañías tenían la misma tarifa y se tenía que aplicar a rajatabla. Las compañías vendían por su propia imagen o por la del agente, en plaza que hubiera. No había ordenadores, ni siquiera máquinas de escribir eléctricas, las calculadoras eran manuales, los papeles de calco, las multicopistas de alcohol, los archivos de fichas de papel… ¡Hoy sería impensable¡

La aplicación de las tarifas era mucho más seria. Teníamos que aprenderlas de memoria y tardaban años en cambiarlas. Los condicionados eran únicos.

En esta evolución, ¿cuáles han sido los hechos más destacables para usted?

La tecnología ha dotado al sector de alas. Ha permitido la liberalización del mercado y ha posibilitado acuerdos tipo convenio entre aseguradoras y  baremos, generando un cambio drástico en el sector. Apuntaría uno más: antes las entidades eran más aseguradoras;  hoy, son más financieras.

Hoy no se podría seguir con una uniformidad de condiciones, sin acuerdos, sin baremos etc., sería inasumible para todos. Hay un libre mercado que hace evolucionar este sector, como todos.

¿Qué echa en falta de aquellos años?

Echar en falta nada, todo evoluciona; pero sí añoro el rigor técnico de las aseguradoras, incluso una vez liberalizado el mercado. Hoy en día,  el objetivo es la venta a costa de casi todo y esto conlleva consecuencias posteriores si no hay margen.

¿Qué no le gustaría volver a vivir?

No recuerdo nada especialmente  que no quisiera volver a vivir. En estos años han pasado cosas buenas y mejores. Entiendo que todo ha sido necesario. Afortunadamente estoy, y estamos, en un sector extraordinario. Somos lo que somos por lo que hemos vivido y hay que seguir viviéndolo.


Entorno competitivo y cambiante

¿Cómo valora el entorno actual?

El entorno actual es altamente competitivo y cambiante. Algunos valores de los de antes se han perdido o han cambiado. Hay que estar cada día más al día, buscar en las nuevas tecnologías nuevas fórmulas de negocio, pero sin perder de vista lo que habíamos recorrido. Creo que todos los métodos y sistemas pueden convivir.


Paso a paso

¿Cómo ha evolucionado usted profesionalmente desde su incorporación al sector?

Paso a paso, como construir una casa empezando por los cimientos. A los 14 años de botones en una compañía local, LA UNIÓN ALCOYANA. Al poco tiempo ya era auxiliar y a los 17 años ya gozaba de la categoría de oficial de 2ª. A los 19 años ya lo fui de 1ª y a los 23, jefe de negociado de producción/contratación. En todo momento, a la vez que trabajaba, iba aumentando mis estudios y formación; por cierto, muy diferente a la de hoy en día.

En ese puesto estuve hasta los 36 años y en la misma entidad, decidiendo en ese momento, ya en 1991, que mi camino tenía que ser otro. En aquella época supe de la existencia de la recién creada ESPABROK y constituí mi propia correduría junto a mi mujer. Tiempos aquellos.  ¡Fue todo un reto¡.

¿Qué ha hecho para irse adaptando a los cambios?

Estar cerca de los clientes y de las aseguradoras; esto me ha permitido ver claramente las necesidades de unos y otros. La adaptación ha sido automática. A partir de ahí, búsqueda continua de soluciones, mejoras en la gestión y rodearme de personas válidas creando valor, sumando a la empresa

¿Qué le ha aportado la experiencia?

Paciencia, mucha paciencia, serenidad y capacidad de negociación.


Marcar la diferencia

¿Por qué se incorporó a ESPABROK? 

Rafael Ponsoda.- Era lo que estaba buscando. La soledad no me ha gustado nunca; me dijeron que el alma de la asociación era el apoyo entre las corredurías integrantes  y,  entre otros objetivos, con un mercado más liberalizado y exigente, encontrar nuevas fórmulas para hacer cosas novedosas  y diferentes, más competitivas y especialmente dirigidas a nuestros clientes, lo que nos permitiría marcar diferencia con otros mediadores.

 Esta organización me ha aportado una gran parte de mi formación y experiencia. No te puedes imaginar como he estado siempre rodeado de grandes profesionales, enamorados de este sector, que me ha permitido, con el aporte de cada uno, ver las cosas desde diferentes puntos de vista  y con otras perspectivas.

Me ha servido para mejorar mi conocimientos y poder aprovecharlos en beneficio de la organización y, cómo no, de mis clientes.


Coger las riendas de la correduría

¿Cómo ha hecho el relevo generacional?

Aún es demasiado pronto; no se ha hecho todavía, solo tengo 64 años, y me queda casi un año por delante. Pero, está todo preparado para cuando llegue. Mi hija Esther, va a ser mi sucesora, la cual tiene una gran formación Universitaria, tiene el título de Corredora de Seguros. Trabajó en WINTERTHUR más de dos años. Ahora, lleva conmigo 14 años, gerenciando una de mis oficinas; está en la junta del Colegio de Mediadores de Alicante, ha hecho el curso de Sucesión  y, desde hace unos meses está junto a mí, empezando a coger las riendas de la correduría.


Un gran recuerdo…

Allá por el año 1998 se votó para elegir los miembros del Consejo de Administración de ESPABROK y me  eligieron vicepresidente de la sociedad, cargo que sigo manteniendo en la actualidad. No me lo creía, un simple corredor de un pueblo de Alicante, asumía la responsabilidad de ayudar a gestionar una asociación a nivel nacional. Fue y, a diario, sigue  todavía siendo un gran orgullo para mí. 

Una anécdota…

Hay muchas, pero quizás ninguna tan especial que pueda destacar aquí.

¿Arrepentido de algo?

No, más bien todo lo contrario. Me considero una persona afortunada y si volviera a nacer, volvería a elegir lo mismo. He tenido la suerte de que me ha gustado todo lo que he hecho. Me he sabido adaptar, he disfrutado, he participado, he colaborado, he asesorado, he ayudado a solucionar muchos problemas. He estado al lado de personas de las que he podido aprender y he podido trasladar mis experiencias a mi equipo. ¡Que más se puede pedir¡ Si hubo alguna vez un problema, este se solucionó, casi con toda seguridad satisfactoriamente.