Hace unos meses, recibíamos con alegría la noticia de que el Ministerio de Sanidad ya tenía sobre su mesa el borrador del que podría ser el primer Plan Nacional de Medicina Personalizada de España. Un texto con carácter participativo en el que podrían aportar ideas tanto las comunidades autónomas como la industria, las sociedades médicas y las asociaciones de pacientes.

Con el cambio de Gobierno, la posible normativa se ha quedado en ‘stand by’, esperemos que por poco tiempo. Necesitamos una regulación clara que sirva para potenciar y desarrollar nuevas técnicas de precisión, que conformarán la medicina del futuro. Determinar un tratamiento según las características individuales del paciente no sólo es mucho más efectivo para el paciente, sino que supone un mayor ahorro para el Sistema Nacional de Salud (SNS).

Ya tenemos casos que se pueden analizar: terapias, pruebas diagnósticas,… que no suelen estar sufragadas ni por el SNS ni por las aseguradoras. Un ejemplo es el de los estudios genómicos, muy útiles para el diagnóstico y el seguimiento de pacientes oncológicos.

Gracias a estas técnicas, es mucho más sencillo encontrar la raíz de un tumor y un tratamiento diana adecuado para la dolencia de cada enfermo, mejorando sus previsiones de recuperación. Es decir, aplicándolas se evita el empleo de terapias erróneas que serán poco eficaces en la lucha contra la enfermedad y que generarán grandes dosis de toxicidad en el paciente. Mejoran así sus perspectivas de supervivencia y su calidad de vida. Y, por otra parte, se evita el gasto en costosas terapias que no van a ser eficaces.

En ocasiones, incluso, sus resultados pueden evitar las invasivas biopsias de tejido. O favorecen el diagnóstico precoz, fomentando una recuperación más rápida y efectiva, lo cual impacta positivamente en las cifras de absentismo laboral, no sólo desde el punto de vista de los pacientes, también del de esos familiares cuidadores que se ven obligados a reducir sus horas laborales para atender a los que más quieren.

Como vemos, un mejor pronóstico, propiciado por una información genética individual, precisa, redunda en un paciente mejor tratado, con unas previsiones mucho más optimistas. También en una menor carga para las familias. Y, como consecuencia de todo ello, en unos tiempos de baja laboral mucho menor que reportan un mayor beneficio a las empresas y las mutuas.

LOS COSTES DEL CÁNCER

Según los datos de la Encuesta Nacional de Salud (ENS) 2017 del Ministerio de Sanidad, publicada este verano, la utilización de los servicios sanitarios se ha incrementado a lo largo de las últimas dos décadas, algo que pone en serio peligro su sostenibilidad. Un rompecabezas de muchas piezas que debe resolverse cuanto antes, y en el que la lucha contra el cáncer es una de las piezas clave que hay que encajar.

Según apuntó el oncólogo médico Eduardo Díaz Rubio, durante su intervención en la Ponencia de Estudio sobre Genómica celebrada en el Senado, esta dolencia tuvo en 2015 una carga total de casi el 11% del gasto sanitario público, un 0,66% del PIB. Un montante aproximado de 7.168 millones de euros que, según el especialista (y de los autores del informe La carga del cáncer en España, en el que Díaz Rubio ha participado) ha ido creciendo en los años sucesivos.

Principalmente porque los nuevos casos de cáncer que surgen van en aumento, influidos por el progresivo envejecimiento de la sociedad, pero también por otros factores externos como el tabaquismo, la contaminación o unos hábitos alimenticios inadecuados.

En este camino lleno de piedras, la oncología de precisión puede ser decisiva, pero para conseguir que fructifique como solución hay que incrementar nuestra apuesta por ella. Un buen comienzo sería asentar unos cimientos sólidos, articulados por ese Plan Nacional que no puede quedarse metido en un cajón.  Es algo que nos interesa a todos.