S&P señala las reformas estructurales llevadas a cabo en los últimos años como los principales motores que han permitido esta mejora económica. En cuanto al déficit, la agencia de rating espera que se sitúe en niveles del 5,4% este año, del 4,8% el próximo y del 3,4% en 2016, lo que supone un registro muy similar al estimado por el Gobierno, aunque difiere de las perspectivas publicadas por Bruselas hace unas semanas en las que estiman un déficit del 6,1% en 2015 al asumir que el Gobierno revertirá la subida del IRPF que se llevó a cabo en 2011.

La mejora del rating es sin duda un elemento positivo, por varios motivos. En primer lugar, supone un impulso para la deuda del Tesoro, ya que si los inversores detectan un menor riesgo exigirán también una menor rentabilidad para su compra y por ello el Tesoro español deberá pagar menos por su financiación, mejorando sus cuentas. De esta manera, en las últimas subastas de deuda, los tipos de interés se han visto reducidos a mínimos, como el caso del último a diez años, que se ha situado en niveles de rentabilidad por debajo del 3%.

Esta mejora en la calificación de nuestra deuda no hace más que consolidar lo que ya el mercado empezaba a descontar. En segundo lugar, muchas entidades españolas, especialmente bancarias y aseguradoras que durante estos últimos años han acumulado importantes cantidades de deuda española verán como esta se revaloriza en sus balances, mejorando por lo tanto su situación financiera. Además, dada la mejora del rating de la deuda soberana es posible ver cómo la calificación de entidades españolas también se revise al alza.

Por lo tanto, se trata de buenas noticias aunque no está todo hecho todavía. De hecho, la próxima cita con las agencias de calificación será a finales de junio, y dado que la perspectiva esta en estable, la probabilidad de una subida adicional es reducida.