Estas estimaciones las recoge la OCDE en un informe sobre el impacto en las economías del cambio climático y que Francisco S. Espejo Gil, responsable de Área, Subdirección de Estudios y Relaciones Internacionales del Consorcio de Compensación de Seguros, analiza al detalle en el último número de la revista digital Consorseguros. Según explica, las principales pérdidas se deben a cambios en el rendimiento de los cultivos y de la productividad laboral. Otros efectos, como el aumento del nivel del mar, tendrían una importancia creciente a partir de la segunda mitad del siglo.

En el análisis del informe de la OCDE, se destaca las pérdidas totales de PIB son menores que la suma de las pérdidas individuales debidas a los distintos impactos, lo que indica que los modelos económicos reflejan la capacidad de los países para responder a impactos diversos de una manera más sofisticada que respondiendo a cada uno de ellos por separado. “Las incertidumbres –comenta el autor del artículo- son especialmente grandes para algunos impactos, como los daños causados por las inundaciones urbanas, la mortalidad prematura por estrés térmico, la pérdida de servicios de los ecosistemas y el desencadenamiento de eventos singulares con gran impacto”.

El informe de la OCDE extrae una serie de conclusiones sobre políticas que, en general, destacan la imperiosa necesidad de abordar sin dilación acciones que reduzcan y minimicen estos impactos negativos. Estas políticas de adaptación podrían suponer que las pérdidas quedasen, a finales de siglo, contenidas en algo más de un 1% del PIB global y la adopción de medidas ambiciosas de mitigación podría evitar la mitad de los daños previsibles para 2060, aunque persistirían daños significativos en regiones vulnerables, como la mayor parte de los países de África y Asia.