El informe señala que el perfil es un varón, de menos de 40 años, soltero e hijo único y, por tanto, detrás de su fallecimiento quedan los padres. Vive en la provincia de Barcelona (donde se producen la mitad de las víctimas de Cataluña) y muy concretamente en el área metropolitana de Barcelona. Tiene su accidente un viernes o un sábado, en una operación salida de vacaciones o puentes más que en el regreso, y al fallecer a edad tan temprana, teniendo en cuenta que la esperanza de vida se sitúa en torno a los 82 años, la víctima deja de vivir más años que los que ha vivido.

El estudio analiza la edad de las víctimas en relación con la pirámide de población, constatando que los fallecimientos infantiles son muy bajos, lo cual parece dar a entender que se está produciendo un uso adecuado de los sistemas de retención infantil y los equipamientos de seguridad para los niños. A partir de 16 años, y posiblemente relacionado con el vehículo de dos ruedas, se produce una sobrerrepresentación de las víctimas en relación con su generación, que no se estabiliza hasta los 26 años. Algo parecido sucede en relación con los mayores, la siniestralidad se dispara de nuevo a partir de los 66 años, siendo más evidente a partir de los 76 años.

Otro dato significativo que aporta el estudio es que la edad media del fallecido desciende durante el fin de semana. En Cataluña, las personas que fallecen en accidentes los domingos (incluyendo madrugada) son un 9% más jóvenes que las que fallecen el resto de la semana.

UN 14% DE LAS VÍCTICMAS ERAN PEATONES

La mitad aproximadamente de los fallecidos era conductor, bien del vehículo culpable del accidente o del contrario, mientras que en torno a un 26% eran ocupantes y otro 14% eran peatones. Esta última categoría se eleva en Barcelona, por el peso de la siniestralidad urbana, hasta un 18% de las víctimas.

Los accidentes analizados también permiten trazar una radiografía de las víctimas no mortales. En el trabajo se analizan tanto los accidentes graves, aquellos en los que los heridos resultan con secuelas (lesiones permanentes) como los accidentes leves, en los que los que las víctimas son atendidas y se recuperan de sus heridas gracias a la ciencia médica. En relación con las víctimas graves, se tiende a pensar frecuentemente en las tetraparesias y en las paraplejias, que se dan un 2% de los casos cada una de ellas. Sin embargo, la secuela más frecuente tras un accidente grave es el trastorno orgánico de la personalidad, casi un 50% de los casos, seguida por el daño cerebral en un 12,4% de este tipo de accidentes.

Estos informes, según señaló López Zaballos en la presentación, tienen como objetivo contribuir desde el Seguro a la prevención de los accidentes de tráfico, en la medida en que una mejor identificación de las víctimas y su entorno se puede traducir en mejores resultados en materia de Seguridad Vial.