En este experimento los participantes debían elegir entre tres de los diez objetos había, simulando que tuvieran que evacuar sus casas debido a una emergencia. Para poder tomar esta decisión disponían de quince segundos como máximo y estaban acompañados de un bombero, que en todo momento controlaba el tiempo e informaba de la urgencia de la situación. La selección de objetos estaba relacionada con las diversas dimensiones de valor, agrupando los mismos en cinco categorías. Los objetos con valor económico, aquellos con valor monetario y desprovistos de carga afectiva como el dinero; con valor funcional: útiles para continuar con la vida tras el derrumbe, por ejemplo un portátil; con valor utilitario-conyuntural: aquellos que se convierten en prácticos durante el suceso, pero que aislados de esa situación no presentan especial interés, como un kit de emergencia; con valor afectivo: objetos relacionados con recuerdos, como unas fotografías familiares; y por último aquellos con valor estético y de autoexpresión: los que nos recuerdan a nosotros mismos y proyectan nuestra identidad, como por ejemplo nuestras zapatillas favoritas.

Atendiendo a la edad de los participantes, el experimento muestra que aquellas personas entre 55 y 70 años son más conscientes del riesgo que corren y escogen el kit de seguridad con mayor frecuencia frente a otros grupos de otras edades. Por su lado, los participantes de la generación X, en plena carrera profesional, salvarían su herramienta de trabajo, el portátil, antes que el dinero u otro objeto. Por otro lado, existen ligeras diferencias entre hombres y mujeres. Ambos coinciden en elegir la cartera como el primer objeto, pero más del 57% de los hombres escogería el dinero como segunda pertenencia, mientras que la mayoría de las mujeres (61,3%) optaría por seleccionar su móvil, ya que como el 60% de los participantes afirma, este supone una fuente de seguridad ante una emergencia.

Otra de las conclusiones es que tener hijos influye en cierta medida a la hora de priorizar qué objetos proteger. Las personas con hijos salvarían su portátil (50%) antes que el dinero (46,2%), mientras que los participantes sin hijos prefieren conservar el dinero (61,3%) frente al ordenador (30,6%). Para Diana Gavilán, a través de este experimento “se puede observar que las personas racionales son poco propensas a llevarse artículos de autoexpresión, aunque sí salvarían las joyas, mientras que los emocionales son más proclives a elegir las prendas, las fotos o el trofeo”. Según la conducta observada de los ciudadanos participantes en el experimento, ante una emergencia, casi el 25% salvaría aquello que le parece útil, seguido de aquello que le costaría un importante esfuerzo recuperar en el futuro (17,4%) o que le proporciona seguridad en ese momento (8,7%).

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