En la primera semana del año han fallecido seis personas por este motivo, la mitad en un solo incendio, causado por una toma ilegal de electricidad y otros dos por el uso de chimeneas u hogueras para calentarse. Todas pueden considerarse víctimas de lo que se ha dado en llamar 'pobreza energética'.

Con la llegada de la parte más dura del invierno estas circunstancias volverán a repetirse, sin duda. Pisos patera, viviendas ocupadas, infraviviendas o simplemente viviendas de familias con escasos recursos tienen un riesgo sensiblemente mayor de sufrir incidentes de este tipo que, afortunadamente, no pasan de conatos o si lo hacen, no producen víctimas.

Nuestra legislación es estricta con las nuevas instalaciones. Los reglamentos de baja y alta tensión dejan claro cómo ha de ser una instalación eléctrica en cualquier edificio y qué características deben cumplir los materiales, a los que exige un marcado CE. Incluso establece revisiones periódicas por tercera parte para industrias, comercios y comunidades de vecinos, aunque en este último caso solo incumben a instalaciones que superan cierta magnitud.

Sucesos como el de Badalona demuestran que sería necesario extender esos controles al menos a todas las instalaciones comunes de los edificios, aunque siendo prácticos, deberíamos empezar por cumplir con lo que hoy en día es obligatorio. Por poner un ejemplo, se estima que la inspección obligatoria a instalaciones de alta tensión solo alcanza al 10% del parque.

El problema se está agravando en los últimos años. Se están instalando dispositivos que superan sin problemas las inspecciones realizadas, pero que son defectuosos. A finales del año pasado, en la reunión del Preventium Forum de Insurance Europe que celebramos en Colonia, uno de los anfitriones hizo una presentación sobre un análisis de laboratorio de interruptores diferenciales y magnetotérmicos adquiridos directamente por internet en China, generalmente importados directamente por usuarios finales o pequeños instaladores.

Las conclusiones fueron demoledoras. A simple vista todos eran iguales y pesaban lo mismo, gracias a los lastres metálicos colocados en su interior con ese fin, pero el mecanismo interior dejaba mucho que desear. En el mejor de los casos, las secciones de los contactos eran inferiores, en otros se limitaba a un cable conectado al interruptor, sin ninguna función de protección. La mayoría presentaban problemas de sobrecalentamiento y de alta combustibilidad de los plásticos utilizados en la carcasa. Por supuesto la mayoría tienen su marcado CE y sus certificados, tan falsos como el producto. En otras ocasiones lucen el marcado "China Export", cuyas siglas CE utilizan la misma tipografía que el marcado europeo, distinguiéndose únicamente por tener el chino las letras más próximas.

La importación minorista imposibilita un control eficiente; se estima que son más de 400.000 los pequeños paquetes que llegan a Europa diariamente desde China exentos de IVA, con valor declarado inferior a 22 euros. Frente a esta situación no queda otra opción que concienciar a los usuarios de los riesgos de los productos de bajo costo, sobre todo de aquellos que están directamente relacionados con la seguridad de las personas.