Esta es la idea principal que inspira y resume la ‘Guía para la Protección del Trabajador Autónomo’, elaborada por Fundación MAPFRE y con el que se quiere contribuir a la mejora de la  protección de estos profesionales, en particular en la identificación  de los riesgos que les afectan y en el tratamiento y gestión de los mismos.

En la presentación del documento, Julio Domingo, director general de la fundación, explicó que la obra define, de una manera sencilla, huyendo de tecnicismos, pero con “precisión y utilidad” (por ejemplo, con tablas y casos prácticos), los tipos de riesgo a los que se enfrenta un autónomo, así como las personas o elementos de su negocio que debe proteger.

La guía aconseja para el autónomo disponer de pólizas multirriesgo para reducir los costes de adquisición y obtener las coberturas necesarias a todos estos riesgos que, si no se gestionan adecuadamente, pueden poner en peligro la existencia de cualquier empresa. También hace hincapié en que es fundamental planificar con tiempo la jubilación.

La guía incluye 10 recomendaciones para reducir los riesgos relacionados con la actividad de estos profesionales: prevenir, asegurar, analizar, asesorarse, resolver, archivar, actualizar, contactar, actuar y confiar.

La cobertura de los autónomos en materia de previsión es insuficiente

Esta Guía para la Protección del Trabajador Autónomo se presentó en el marco de una jornada organizada junto a Cepyme. El primero en intervenir fue José Antonio Herce, de AFI, que desgranó las principales características del “universo autónomo”. Entre sus debilidades, apuntó que la “heterogeneidad” del sector “no facilita su protección social”. En el otro lado de la balanza, entre las fortalezas del colectivo citó su “adaptación, flexibilidad y resistencia”, el desempeño en eslabones “críticos” de la cadena de suministros y sus recursos frente a transacciones laborales “complejas”.

Como retos, pero a la vez también oportunidades, Herce señaló la equiparación normativa. “Es malo –comentó- que el platillo de las obligaciones pese más en esta balanza que el de los derechos, pero al mismo tiempo existen posibilidades para contrarrestarlo y que los derechos ganen más peso”. La digitalización también ofrece esta doble cara: existe el reto de que los robots pueden llegar a desplazar las áreas de los trabajadores autónomos; sin embargo, valoró Herce, “estas mismas tareas, su actividad, son más susceptible que ninguna de valorizarse gracias a la digitalización”.

Por su parte, el presidente de Cepyme, Antonio Garamendi, destacó que los autónomos tienen las mismas inquietudes que cualquier otra empresa (morosidad, formación, Seguridad Social, etc) y auguró un futuro prometedor para el colectivo en un entorno laboral en el que cada día más se impone la flexibilidad y la empleabilidad (carreras profesionales en distintos empleos o empresas). Eso sí, se mostró crítico con las trabas que Hacienda pone en ocasiones a este tipo de trabajadores, en especial cuando su actividad alcanza un tamaño y piensan en transformarse en empresas, de lo que muchas veces desisten por los impedimentos que encuentran.