El Monitor Europeo evalúa y califica a los 17 países del euro basándose en su contribución a un crecimiento equilibrado. De esta forma, clasifica los estados según 14 indicadores cuantitativos divididos en cuatro categorías: sostenibilidad fiscal; competitividad y demanda interna; empleo, productividad y eficiencia de los recursos; y deuda privada y externa.

Teniendo en cuenta las reformas aplicadas en los países periféricos, se aprecia que la actual debilidad económica está ocultando posibles resultados positivos. Las reformas estructurales de gran calado necesitan tiempo para desplegar todo su impacto, apunta el informe. Además, el Monitor Europeo muestra que se está haciendo un “verdadero progreso” para restaurar la salud de la economía de la eurozona. Los países que han conseguido mejorar su puntuación son Bélgica (5,9), España (5,0), Portugal (4,1) y Grecia (3,4).

Aunque todavía se sitúa a niveles bajos, Grecia ha logrado el mayor crecimiento en la puntuación del Monitor entre todos los países de la eurozona, debido a la disminución del coste laboral unitario. Los niveles de deuda del sector privado también han mejorado. “A pesar de que a menudo se pasa por alto en el debate público, Grecia está haciendo progresos”, afirma Heise.

Chipre es por primera vez el país más rezagado del ranking, ya que ha sufrido un deterioro en tres de las cuatro categorías analizadas y su calificación baja del 3,6 al 3,0.

ESPAÑA APRUEBA Y CONSIGUE UNA PUNTUACIÓN GLOBAL DE 5,0

Situada en el puesto número 12, España ha escalado una posición con respecto al año pasado y ha conseguido una puntuación global de 5,0, es decir, cuatro décimas más que en 2011. De hecho, ha avanzado en cinco indicadores: coste laboral unitario, balance por cuenta corriente, productividad, y endeudamiento de los hogares y sociedades no financieras.

No obstante, necesita mejorar en aspectos como la demanda interna, el desempleo y la inversión internacional. Esta imagen dividida muestra que los procesos de ajuste ya han tenido impacto en algunas áreas. En el ámbito del mercado laboral es esencial retomar el crecimiento económico. De lo contrario, las amplias reformas emprendidas no podrán desplegar todos sus efectos.

DIEZ PAÍSES DE LA EUROZONA EMPEORAN SU EVALUACIÓN

Como viene siendo habitual ningún país ha alcanzado los ocho puntos que señalan una buena actuación en todos los ámbitos. El mejor posicionado es Alemania que vuelve a liderar este estudio (7,7), seguido de Austria y Luxemburgo (ambos con un 7,0). El país germano desafía las dificultades del entorno, ya que, como han hecho Irlanda y Francia, mantiene la puntuación del año pasado, pero además consigue la máxima puntuación en seis de los catorce indicadores.

Por su parte, Francia (5,6) ha ascendido a la novena posición, mientras que Italia (4,5) cae y se sitúa en el puesto número 13. Bélgica ha logrado el mayor ascenso de la tabla, al escalar cuatro posiciones y colocarse en la quinta posición. Por el contrario, Finlandia (5,8) se ha deslizado tres posiciones, hasta el octavo lugar.

Luxemburgo, Finlandia y Holanda están en la lista de los diez países con peores resultados en comparación con el año pasado. De cara al futuro, matiza el informe, estos países podrían, junto a Alemania y Francia, ceder a la presión de los mercados financieros para poner en marcha reformas estructurales en línea con las que han tomado ya los países en crisis.

QUEDA UN LARGO CAMINO, PERO LA AGENDA MARCADA ES LA CORRECTA

Los indicadores con peores resultados han sido los referentes a demanda interna y a desempleo. Esto refleja el impacto producido por las medidas de austeridad gubernamentales y el desapalancamiento privado sobre la evolución macroeconómica. Heise explica que es “un imperativo que los gobiernos sigan firmemente el camino marcado. Todavía queda por delante un camino largo y arduo. Pero ya podemos ver que las reformas estructurales están empezando a dar sus frutos en la eurozona”.

En el lado positivo, se encuentra la evolución del endeudamiento de hogares y sociedades no financieras. Las sombras proyectadas por la crisis de la deuda soberana en la eurozona han llevado a las familias a disminuir su consumo y aumentar sus ahorros de forma preventiva. Además, la menor creación de capital, la mayor propensión a retener las ganancias, así como unas condiciones para obtener créditos más estrictas están conduciendo a una gradual reducción de los ratios de deuda corporativa. Esto debería hacer que el sector privado sea menos vulnerable a la evolución de los tipos de interés y a las calificaciones crediticias negativas.

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