El estudio demuestra que las ciudades costeras de Asia están particularmente expuestas al riesgo de sufrir inundaciones, tormentas, marejadas ciclónicas, terremotos o tsunamis catastróficos. Por ejemplo, unas 29 millones de personas en la región de Tokio-Yokohama podrían verse afectadas por un terremoto de gran magnitud. Si se consideran todos los riesgos, es el área urbana más expuesta de todo el mundo, seguida de Manila y el delta del río de las Perlas en China. Fuera de Asia, Los Ángeles ocupa el lugar más alto (noveno a nivel mundial).

Entre las áreas metropolitanas estudiadas, los desbordes de ríos son, con creces, el mayor riesgo. India y China tienen la mayor cantidad de personas expuestas a las inundaciones. Sin embargo, el potencial de pérdidas económicas provocadas por el desborde de ríos coloca a ciudades europeas como Ámsterdam-Róterdam, París, Milán y Londres en posiciones más altas.

El informe, titulado ‘Mind the Risk: A global ranking of cities under threat from natural disasters’, establece que ciudades como Tokio, Los Ángeles, Nueva York y Ámsterdam-Róterdam se ubican en puestos altos en términos del potencial de productividad perdida, medida por el valor de los días laborales perdidos. Como ejemplo, se explica que si bien un terremoto devastador en Los Ángeles podría afectar a tantas personas como en Yakarta, el valor consiguiente de las jornadas laborales perdidas podría ser 25 veces superior.

Además, se remarca el efecto para toda la economía de un país podría tener en ciertas aglomeraciones urbanas, como Lima (Perú) o San José de Costa Rica. Si bien el potencial de pérdidas económicas de estas ciudades es relativamente modesto, su importancia como centros nacionales de producción las ubica entre las diez ciudades más riesgosas si se las mide en cuanto a las repercusiones esperadas para sus respectivos países.

Según Matthias Weber, responsable de Suscripción de SWISS RE, “ya en la actualidad las peores inundaciones fluviales por sí solas tienen el potencial de afectar a 380 millones de personas que viven en ciudades y unas 280 millones de personas podrían verse perjudicadas por terremotos de gran magnitud”. “Debemos comprender mejor qué es lo que hace a las ciudades más resistentes y qué decisiones sobre inversiones e infraestructura se deben tomar para minimizar la pérdida de vidas, bienes y producción económica”, concluye.