Las cifras del pasado año están por debajo de los registros históricos de 2012, en el que el impacto económico llegó a 400.000 millones, y las pérdidas aseguradas rozaron los 120.000 millones, si bien una comparación a más largo plazo muestra que el coste en daños asegurados de 2012 supera la media de los diez últimos años (50.000 millones).

Alrededor del 67% del coste económico total y el 90% de las pérdidas aseguradas son atribuibles a siniestros en Estados Unidos (la media de los últimos años está en el 32% y el 57%, respectivamente). De hecho, el huracán Sandy ha sido la catástrofe natural con más coste en pérdidas aseguradoras del pasado año, estimado en 25.000 millones (la mitad de las pérdidas económicas totales por este siniestro).

INVERTIR EN PREVENCIÓN

“Las pérdidas causadas por catástrofes naturales en Estados Unidos relacionadas con el clima confirman que es necesario un mayor esfuerzo en materia de prevención. Sin duda, sería posible proteger de mejor manera aglomeraciones urbanas como Nueva York de los efectos de las mareas. Este tipo de acciones tendría sentido económico y las aseguradoras también podría reflejar la reducción de la exposición en sus precios”, comenta Torsten Jeworrek, miembro del Consejo de MUNICH RE. Destaca, en particular, que el huracán Sandy puso de manifiesto un considerable grado de vulnerabilidad, especialmente en lo que se refiere a infraestructuras.

El segundo evento más importante en cuanto a pérdidas en 2012 fue la sequía durante todo el verano en Estados Unidos, que afectó a cultivos de maíz en el medio oeste y los estados circundantes. Hasta noviembre pasado, 2012 había sido el año más caliente del país desde que comenzaron los registros en 1895.

En Europa, cabe reseñar los 1.600 millones de dólares en pérdidas aseguradas que provocaron los dos terremotos de mayo en Italia.

Otra características del pasado año que el número de fallecidos por este tipo de siniestros en todo el mundo -9.500 personas- está muy por debajo del promedio de los últimos diez años (106.000 fallecidos), debido a que, en 2012, fueron pocas las catástrofes naturales graves que se produjeron en países emergentes y en desarrollo, donde este tipo de siniestro tienden a tener consecuencias mucho más devastadoras en términos de vidas humanas.