“Las aseguradoras tienen mucho que ofrecer, y mucho en lo que participar, ayudando a los gobiernos y los mercados privados a entender y desarrollar soluciones para predecir mejor los riesgos y evitar las pérdidas por fenómenos climáticos extremos”, se destaca.

En su trabajo, Ceres recomienda que las aseguradoras apoyen la investigación sobre los patrones climáticos, trabajen con los planificadores para mejorar los edificios, puentes u otros proyectos de infraestructuras, y promuevan el conocimiento de los riesgos de las emisiones de carbono. Además, se insta a los inversores a que presionen a las aseguradoras para obtener más información sobre los riesgos relacionados con el clima.

Se recuerda que huracanes, tornados y otros fenómenos climáticos dejaron el pasado año un coste a las aseguradoras de Daños de Estados Unidos de más de 32.000 millones de dólares, lo que se unió, en las cuentas de las entidades, a los bajos rendimientos por las inversiones y los efectos de la debilidad de la economía. “Más allá de la disminución de la rentabilidad, estas tendencias cada vez más visibles podría socavar la capacidad de algunas aseguradoras de gestionar y, en algunos casos, incluso sobrevivir, a eventos catastróficos futuros relacionados con el clima”, concluye Ceres.

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