Según los análisis de COFACE, la resistencia del tejido empresarial alemán se debe, además de a su solidez, a su excelente y estable situación financiera (mantenida por una creciente rentabilidad gracias a la moderación de los costes y una estrategia para elevar la calidad de sus productos); su resistente financiación, gracias a un sector bancario local formado por cajas de ahorros y cooperativas de crédito firmemente instaladas y que mantienen relaciones privilegiadas con las empresas; y una ley alemana para la prevención de las insolvencias, que fomenta una adecuada gestión de la producción de las empresas.

En este escenario, el coste de las insolvencias es mayor en el país germano que en el galo, alcanzando el año pasado los 20 millones de euros en el primero frente a los 14,3 del segundo, si bien, en términos relativos, el diferencial entre ambos países no es tan marcado. Según COFACE, "el coste de las insolvencias representan el 0,8% del PIB en Francia, mientras que en Alemania representan el 1,1%". Además, según el informe de la aseguradora, el hecho de que las empresas francesas sean, en promedio, menores que sus homólogas alemanas explica que el coste medio de las insolvencias sea por tanto menor también.

Finalmente, el análisis econométrico revela que la evolución de las insolvencias en Alemania, que ahora muestra un nuevo incremento, está muy sujeta a la evolución de las exportaciones (que mostraron ciertos signos de debilidad el pasado verano) e inversiones (las que se contrajeron en el segundo trimestre). "La desaceleración del comercio exterior y especialmente de los mercados emergentes constituye el principal riesgo para las empresas alemanas, que son altamente dependientes de la demanda extranjera. De hecho, las exportaciones representan actualmente más del 50% del PIB alemán, e, históricamente, las insolvencias parecen ser muy sensibles a estas variaciones", explica el informe.