El estudio -que encuestó a 650 inversores con activos por valor de aproximadamente 24 billones de dólares- ha identificado una divergencia entre las percepciones de los inversores institucionales sobre la importancia de la sostenibilidad y cómo llevan a cabo sus asignaciones en el núcleo de su proceso de inversión. Casi un tercio de los inversores (32%) afirmó que la incorporación de un sesgo sostenible en sus inversiones tiene poca o ninguna influencia en su proceso de toma de decisiones de inversión, con una importancia notablemente inferior a otros factores, como la asignación estratégica de activos, el historial del gestor del fondo, las rentabilidades previstas y la predisposición al riesgo.

No obstante, el estudio concluye que la sostenibilidad constituye un objetivo más relevante para los inversores institucionales de mayor envergadura. El 32% de aquellos que contaban con periodos de inversión de al menos cinco años afirmaron que la sostenibilidad es un factor de peso. Esta cifra contrasta con el 23% de los inversores con un horizonte de inversión de entre tres y cinco años.

Los inversores más centrados en la sostenibilidad mostraban una confianza notablemente superior en cuanto a la consecución de sus expectativas de rentabilidad. Más de la mitad (59%) de los encuestados se mostraron, como mínimo, razonablemente confiados en cuanto al logro de sus objetivos, en comparación con el 37% de los inversores que no priorizan la inversión sostenible. Asimismo, estos se centran en la generación de rentabilidades ajustadas al riesgo: el 66% optaba por este enfoque, frente al 53% que se mostraba menos centrado en la sostenibilidad.

En todo caso, algo menos de tres cuartos de los inversores (74%) en todo el mundo afirmaron que la inversión sostenible cobrará mayor importancia en los próximos cinco años, en comparación con el 67% de hace un año. Algo menos de la mitad (47%) había aumentado sus asignaciones a la inversión sostenible en los últimos cinco años.

Los inversores señalaron que la estrategia corporativa, el cambio climático y la calidad de la contabilidad son los asuntos más importantes que los inversores deben trabajar con las empresas.