Al igual que en 1991, la actual freno de la actividad económica en el país refleja las debilidades estructurales de la economía: Hace veintiún años, India experimentó una crisis de su divisa que fue el origen de una oleada de reformas estructurales que permitieron a su economía crecer casi el 7% anual de media las dos últimas décadas. Sin embargo, en la actualidad debe hacer frente a retos como el alto déficit presupuestario y un déficit por cuenta corriente elevados. No obstante, el país cuenta con un grado de apertura reducido, lo que le hace menos vulnerable a los choques externos, y con un sector servicios dinámico (que supone el 55% del PIB).

"El estancamiento de la actividad se explica en parte por el ajuste de la política monetaria de India entre marzo de 2010 y octubre de 2011, que ha penalizado la inversión y el crédito, pero refleja también los cuellos de botella que padece la economía tales como la falta de infraestructuras y de mano de obra cualificada así como las deficiencias persistentes en términos de entorno empresarial. La recuperación de la actividad, en especial de la inversión de las empresas, depende de la puesta en marcha de reformas profundas cuya aplicación resulta incierta y se ve dificultada por la parálisis política", detalla la aseguradora en su informe.

Los elevados precios de las materias primas contribuyen al aumento de la inflación importada, pero India padece asimismo un problema de inflación estructural ocasionado por la falta de oferta en el mercado de los productos alimentarios, a lo que se le suma una fuerte competencia a escala nacional. En definitiva, según COFACE, "el Gobierno podría retrasar de nuevo la puesta en marcha de reformas estructurales que promuevan un volumen más elevado de inversiones extranjeras directas, condición necesaria para la reabsorción de los desequilibrios tanto externos (balanza de pagos) como internos (cuellos de botella) de India".

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