ricardogonzalezgarcia-mapfre.jpg“La materialización de cualquiera de los riesgos podría terminar teniendo consecuencias disruptivas para la industria aseguradora. Es necesario seguirlos y actuar en consecuencia: adaptarse”, explica. “No hay que verlo solo como una amenaza sino también como una oportunidad para aquellos que logren adaptarse al nuevo entorno que estamos viviendo y al que vendrá”, sentencia.

 

El informe ‘Panorama económico y sectorial 2018’ dibuja unas perspectivas positivas para la economía de España, ¿por cuánto tiempo puede alargarse el actual ciclo de crecimiento económico? ¿Cuáles son sus fortalezas?

Como ponemos de manifiesto en nuestro análisis, España sigue en cabeza del crecimiento entre las mayores economías de la eurozona. Sin embargo, en 2018 se anticipa una desaceleración del crecimiento, que puede situarse en torno al 2,6%, frente al 3,1% de 2017, entre otros motivos, por la subida de los precios del petróleo y por el impacto que la inestabilidad política ha tenido en la confianza de inversores y consumidores (efecto estimado de entre -0,2% y -0,5% en el crecimiento).

La confianza de los consumidores e inversores, las condiciones monetarias laxas y la creación de empleo han contribuido a la fortaleza de la economía en 2017. Las exportaciones y la inversión son los componentes más dinámicos de la demanda agregada. Si bien se prevé una desaceleración del crecimiento en 2018, el entorno continúa siendo favorable. Es destacable que la inversión residencial está repuntando con la ayuda del crédito hipotecario, así como las inversiones por parte de inversores institucionales en el mercado inmobiliario, por el entorno de bajos tipos de interés.

¿Cuáles son los principales riesgos que identificáis para la economía de nuestro país a medio plazo?

El consumo está perdiendo tracción y para repuntar necesitaría mayores ganancias de la renta disponible real, vía aumentos salariales, en la medida en que la productividad lo permita, y no solamente por el recurso al ahorro o al endeudamiento. Por otra parte, la persistencia en el tiempo de la crisis en Cataluña puede tener consecuencias en la estabilidad política, en la correcta aprobación y ejecución de los Presupuestos Generales del Estado y en las decisiones de localización de inversiones por parte de inversores nacionales e internacionales, entre otras.  Por último mencionar el endeudamiento público que, aunque se ha estabilizado en torno al 99% del PIB, continúa alto. El superávit de la cuenta corriente está aliviando parcialmente la presión sobre la posición de inversión externa del país. Mientras se mantenga la confianza en nuestra economía y la prima de riesgo contenida, los costes de financiación de la deuda no seguirán aumentando, pero es un riesgo que está latente. La reducción en el programa de compras de activos y el endurecimiento de la política monetaria por parte del Banco Central Europeo podrían influir de forma negativa en este sentido.

 


EL ENTORNO PARA EL SEGURO “CONTINÚA SIENDO FAVORABLE”

Hablando ya del sector asegurador, ¿continuará también el ciclo alcista al calor de la evolución de la economía, en particular en No Vida?

El entorno económico vivido en 2017 con un crecimiento global firme, protagonizado por el comercio mundial, la inversión en equipo y, en algunos países, por la inversión residencial, es altamente favorable para el sector asegurador cuyo desarrollo se encuentra fuertemente vinculado con el comportamiento del ciclo económico, especialmente por lo que se refiere a las líneas de negocio de No Vida y de Vida Riesgo.

Si hablamos de España, la desaceleración prevista en el crecimiento económico en 2018 podría trasladarse también a estas líneas de negocio, traduciéndose en menores crecimientos. Pero, en cualquier caso, el entorno continúa siendo favorable.

En el caso de los seguros de Vida, ¿qué amenazas identificáis por el actual entorno tipos de interés? ¿Cómo ha impactado esta coyuntura en el negocio?

La persistencia del entorno de bajos tipos de interés continúa pesando en el desarrollo de los negocios de Vida vinculados al ahorro y a la previsión social complementaria. Sin embargo, la escasa o nula rentabilidad ofrecida por los depósitos de las instituciones de crédito, que siguen enfrentándose a una facilidad de depósito negativa, está compensando en parte el efecto de los bajos tipos sobre el mercado de seguros de vida, con la ayuda del repunte de los tipos libres de riesgo en los plazos largos de la curva y de ciertas ventajas fiscales asociadas a este tipo de productos.

Asimismo, la innovación del sector asegurador hacia productos en los que el tomador asume el riesgo de la inversión, debidamente informado y de acuerdo con su perfil de riesgo, puede introducir cierto dinamismo en el mercado de productos de Vida Ahorro.


 

UNA NUEVA DIMENSIÓN DEL RIESGO DE SUSCRIPCIÓN

En el informe analizáis con más detalle el entorno de riesgos para el sector asegurador, apuntando a una serie de tendencias y riesgos asociados más allá de la economía. ¿Cuáles son riesgos en evolución y cómo impactan en el sector?

Por una parte, hay un conjunto de riesgos asociados a la operación tradicional de la industria aseguradora que proseguirán su rápido proceso de transformación (riesgos en evolución). Entre estos se encuentran los vinculados al seguro de Autos, por el efecto sobre la siniestralidad y las primas, derivado de la gradual proliferación en el uso de sistemas avanzados de asistencia al conductor (ADAs), el mayor empleo de sistemas de conducción autónoma y semi-autónoma y la demanda de seguros basado en uso (UBI) por parte de ciertos segmentos del mercado. Esta tendencia evolutiva afectará el perfil del riesgo de suscripción en el seguro de Autos y colocará en una nueva dimensión a los riesgos tecnológicos, a los que se enfrentarán las entidades aseguradoras especializadas en esta línea de negocio.

En el caso de Daños, el efecto del cambio climático sobre la frecuencia y severidad de los siniestros, así como la mutación en la naturaleza de los cúmulos como resultado de los patrones históricos de urbanización, seguirá siendo un factor que afectará el riesgo de suscripción de este tipo de seguros.

En este sentido es de destacar que en el segundo semestre de 2017 se han producido una serie de catástrofes naturales importantes, como los huracanes Harvey, Irma y María en Norteamérica y el Caribe, así como los terremotos que tuvieron lugar los pasados 7 y 19 de septiembre en Chiapas y Puebla en México que, junto con otro tipo de catástrofes como los incendios en California, han impactado en las cuentas de resultados de aseguradores y reaseguradores. Estas catástrofes, sin duda, están teniendo y tendrán un impacto notable no solo en los ratios combinados y rentabilidad de los recursos propios de las reaseguradoras, sino también en la tarificación de los seguros y las renovaciones de los contratos de reaseguro, en un mercado que ante la ausencia de catástrofes significativas se había vuelto muy competitivo en cuanto a precios (mercado blando).

Por su parte, en Salud, los riesgos de suscripción proseguirán su tendencia evolutiva por efecto del cambio en los patrones de morbilidad, el aumento de la longevidad y el incremento de los costes de atención sanitaria provocados por el avance tecnológico aplicado a la atención sanitaria, ampliando así el reto de la industria aseguradora respecto al aumento de la profundización de este tipo de protecciones manteniendo al mismo tiempo su asequibilidad (riesgo reputacional).

Por último, en materia de los seguros de Vida y de Pensiones (Rentas Vitalicias), el aumento de la longevidad seguirá transformando la dimensión del riesgo de suscripción de las entidades aseguradoras (positivamente en el caso de los seguros de vida riesgo y negativamente en los ligados a las rentas vitalicias tradicionales), dada la creciente incertidumbre sobre las posibilidades del aumento de la longevidad en el medio y largo plazo.

Por otro lado, están los riesgos emergentes, ¿cuáles se apuntan en el informe?

En nuestro análisis destacamos, en primer término, los riesgos cibernéticos. A pesar de que la demanda de este tipo de protecciones seguirá siendo creciente, persiste la incertidumbre sobre su naturaleza en términos de si es posible efectuar una compensación de tipo idiosincrático del riesgo cibernético, o si se trata de un riesgo de naturaleza sistémica, lo cual agravaría el riesgo de suscripción para las entidades aseguradoras que incursionen en este tipo de coberturas.

También en esta categoría pueden agruparse los riesgos derivados del denominado entorno de la digitalización. Se trata de una tendencia que seguirá desarrollándose en 2018, pero que implicará también el surgimiento de nuevos riesgos para las entidades aseguradoras, tales como los relacionados con la automatización en la gestión del negocio y en la interacción con los clientes (riesgo operacional), con la utilización masiva de datos mediante las técnicas de “big data” (riesgos de suscripción, tecnológico y legal) y el llamado Internet de las Cosas (riesgos tecnológicos y de suscripción).

Por último, en la categoría de riesgos emergentes pueden ubicarse nuevos modelos de negocio alrededor de la industria aseguradora tradicional, basados en el principio de la mutualización y en el uso de la economía colaborativa (InsurTech). Esta tendencia conllevará un replanteamiento del riesgo de suscripción y, simultáneamente, del riesgo estratégico que implica para las entidades aseguradoras establecidas la entrada en el mercado de un nuevo tipo de participantes no tradicionales.

Acto de presentación del informe‘Panorama económico y sectorial 2018’

 

CONSCIENTES DE LOS RIESGOS

¿Cómo se está adaptando el sector a estas amenazas?

La industria aseguradora es consciente de la importancia de estas macro tendencias y del impacto que puede tener el no adaptarse a un entorno tan cambiante como el actual. Al fin y al cabo hablamos de riesgos y no hay que olvidar que las compañías aseguradoras son especialistas en la gestión de ellos. En cualquier caso, no hay que verlo solo como una amenaza sino también como una oportunidad para aquellos que logren adaptarse al nuevo entorno que estamos viviendo y al que vendrá.

En nuestro análisis del panorama económico y sectorial 2018 explicamos que en la última conferencia anual de EIOPA se incidió en que la adaptación al entorno digital es un proceso que no solo está afectando a las empresas sino también a las instituciones encargadas de regular y supervisar el sector. En este sentido, en EIOPA son conscientes de la importancia del cambio de enfoque que se está imponiendo en la industria, por lo que se ha decidido darle un carácter estratégico para los próximos años.

Los planes anunciados por la autoridad prevén abordar con mayor intensidad diferentes aspectos del denominado “InsurTech” o nuevos procesos y servicios resultantes de la aplicación de la tecnología de la información a la actividad aseguradora. Según explicó Gabriel Bernardino, su presidente, el uso creciente de nuevas tecnologías, la digitalización, el “big data” y el aprendizaje automático tienen potencial para alterar significativamente la cadena de valor del seguro, generando nuevas oportunidades para mejorar la experiencia del cliente y reducir costes, pero también produciendo nuevos riesgos, y de ahí la necesidad de que el supervisor europeo ponga este asunto en su agenda.

Hizo particular mención a la utilización del “big data” por parte de las entidades aseguradoras, los riesgos cibernéticos y los enfoques de supervisión aplicados a las áreas de innovación.

¿Qué efectos están teniendo ya en el sector y cuál puede ser su impacto real en el futuro?

Siempre que se aborda este tema lo primero que se pone sobre la mesa son casos de empresas, incluidas grandes multinacionales, que prácticamente han desaparecido por no anticipar el impacto que un cambio de este tipo podría tener sobre su negocio. No es fácil adivinar cuál será el impacto que los riesgos apuntados puedan tener en el futuro sobre la industria aseguradora, pero en cualquier caso podría ser muy relevante. Algunas compañías ya han incorporado nuevos especialistas en este tipo de riesgos y forman parte ya de sus propios planes estratégicos.

 


NO QUEDARSE ATRÁS

¿Son estos riesgos más importantes que los tradicionales?

En los últimos años la industria aseguradora ha hecho un gran esfuerzo para adaptarse a un nuevo marco regulatorio basado en riesgos. La principal diferencia de los riesgos apuntados con los riesgos tradicionales es que sobre estos últimos existe información, es decir, se pueden de algún modo “medir”.

Sobre los nuevos riesgos existe mucha incertidumbre. En todos ellos, y especialmente en los que hemos catalogado como emergentes. Por eso son importantes. Sin embargo, no hay que perder de vista la importancia de los riesgos tradicionales. Por ejemplo, se está hablando mucho sobre el riesgo asociado a la reducción y el fin de los programas de compras de activos y de las políticas monetarias laxas anunciadas por la Reserva Federal de los Estados Unidos y el Banco Central Europeo, que podrían aflorar sobrevaloraciones en las carteras de bonos y otro tipo de activos e impactar en los balances de las compañías aseguradoras, entre otras. Este es un riesgo que puede calificarse como tradicional y sin embargo es de gran importancia. También es cierto que las aseguradoras están más preparadas para gestionar y afrontar este tipo de riesgos y son expertas en la gestión de duraciones de sus carteras por lo que seguramente estén en mejor posición que otras empresas ante un evento de este tipo.   

¿Hay, como se dice muchas veces, un riesgo disruptivo para el sector por estas nuevas incertidumbres? ¿Puede verse alterado el status quo tradicional del Seguro? ¿En qué dirección?

La tecnología, las dinámicas sociales y poblacionales, e incluso el clima están cambiando mucho. La materialización de cualquiera de los riesgos apuntados podría terminar teniendo consecuencias disruptivas para la industria aseguradora. Es necesario seguirlos y actuar en consecuencia: adaptarse. Las compañías aseguradoras deben, y, de hecho, muchas ya lo están haciendo, avanzar en el proceso de digitalización e incorporarlo en su estrategia, en sus procesos, en el cálculo del precio de los seguros, en su oferta de productos, en sus propias coberturas, en los canales de distribución y un largo etcétera, si no quieren quedarse atrás.


 

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