Así, destacó la importancia de cambiar algunas ideas que impiden el sano desarrollo de la economía. En este sentido, indicó que no es posible mantener estrategias de hace 20 años en un entorno tan cambiante como el actual. También abogó por no continuar alimentando tres obsesiones que condicionan el crecimiento de las empresas. La peor de estas obsesiones es el ‘low cost’, ya que esta estrategia lleva a centra la competitividad en convertirse en el ‘más barato’, olvidando la aportación de valor.

Además, subrayó que bajar los costes implica no disponer de personas que piensen y si no se piensa no surgen ideas para innovar. Además, defendió dejar la obsesión por el cliente (al que calificó de mentiroso y desleal); en este sentido manifestó que las encuestas no ayudan a conocer al cliente, para saber cuáles son sus necesidades hay que vivir con él, “no traigas el león a la empresa, ve a la jungla”, dijo. Asimismo, puso de manifiesto lo beneficioso de desprenderse de la obsesión por la competencia, aconsejando “no imitar; lo importante es que cada empresa haga algo diferente que tengo mucho valor para no ser vulnerables”.