Insiste en la necesidad de ser conscientes de que hay que seguir aprendiendo “y de que la forma de desarrollar nuestro trabajo va a cambiar”. “Hay que desactivar –detalla- los sistemas de autodefensa que se generan siempre que hay algún cambio, que nos pasa a todos. Porque el cambio, nos da miedo y no queremos perder nuestra zona de confort. Una vez convencidos de esta idea, sería bueno que pensáramos que el cambio o la adaptación al futuro no es un castigo o que podemos tener el gusto de aprender cosas nuevas”.

Además, comenta que “todo presiona a la velocidad”, y en el mundo de las empresas “ocurre lo mismo”. “Los nuevos objetivos tiene una vida más corta y, por lo tanto, hay que estar inventando cosas nuevas. La relación con cliente es muy volátil y hay que seguir inventando para atraerlo […]. En un mundo de competencia global, donde se trabaja a toda máquina, o avanzas o te quedas marginado. Y eso significa que tenemos muy poco tiempo para reflexionar sobre muchas cosas. Y ahí sí que tiene ser el sistema educativo quien insista en que hay valores de aparición lenta y, por lo tanto, la prisa es incompatible con algunos valores”, reseña.

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