Edwin GranadosLamentablemente, este tipo de delitos son vistos por la sociedad como hechos “audaces”, lo cual hace pensar a muchos que es de “genios” lograr engañar a la poderosa compañía de seguros. 

Los índices de criminalidad asociados a los seguros son difíciles de establecer y especialmente su probanza, lo cual deriva en una gestión altamente  técnica y compleja, así como la necesidad de participación de diferentes actores, investigadores especializados y autoridades públicas diversas, los cuales tienen diversa visión del tema, constituyendo en muchas ocasiones una seria limitante.

Los delitos de seguros son inherentes a la vida misma del seguro; no obstante, el tema ha ido creciendo a un nivel epidémico, con porcentajes que rondan entre el 30% y hasta casi un 50% en algunas líneas de seguros; por ejemplo, el seguro de automóviles, que resulta ser el más grande dolor de cabeza de cualquier aseguradora. Este tipo de fraude varía según línea y regiones. Así, no ocurre lo mismo en Europa que en América, aun cuando los modus operandi son muy similares.

El problema ha dejado de ser local y de control actuarial, obligando a las aseguradoras a buscar soluciones concretas, mecanismos de formación para minimizar el impacto, en algunos casos agremiándose para trabajar y compartir información clave que permita la identificación de asegurados y organizaciones criminales dedicadas a la extracción de dinero limpio de las aseguradoras.

Así tenemos que ha pasado de ser delitos comunes, volviéndose en criminalidad organizada y compleja, sumándose el lavado de dinero y el financiamiento al terrorismo, lo cual complica más el panorama, pues la suma de éstos hace necesaria toda una especialidad. En este contexto, se dio el primer Congreso Panamericano sobre Delitos de Seguros en la Ciudad de Bogotá, con gran éxito abriendo el camino para el segundo evento, a realizarse en octubre próximo en la Ciudad de México.