Bajo este análisis, el documento remarca que a medida que las poblaciones envejezcan en las próximas décadas, consumirán un porcentaje creciente de recursos, ejerciendo presión sobre los balances públicos y privados. “Los gobiernos y las entidades del sector privado que ofrecen pensiones se han estado preparando para las consecuencias financieras del envejecimiento. Sin embargo, estos preparativos están basados en proyecciones demográficas de base que en el pasado han subestimado constantemente cuántos años vive la gente”, señala desde el FMI.

Además, manifiesta que entre los gobiernos y las entidades que ofrecen pensiones son contados los que reconocen debidamente el riesgo de longevidad, y los que lo hacen descubren que es grande. Por ello, se ha analizado en el informe que si el promedio de vida aumentara para 2050 en tres años más de lo que se espera hoy —un supuesto que concuerda con tasas previas de subestimación—, los costos del envejecimiento, que ya son considerables, podrían aumentar un 50%. Ilustrado con un ejemplo, el informe muestra que en el caso de los planes privados de pensiones de Estados Unidos ese aumento de la longevidad podría elevar los pasivos jubilatorios alrededor de un 9%. “Como el total de pasivos por pensiones es voluminoso, las empresas que organizan los planes de pensiones tendrían que multiplicar varias veces sus contribuciones anuales normales, en términos generales, para poder afrontar esos pasivos adicionales”, se afirma.

ACTUAR PARA HACER FRENTE AL RIESGO DE LA LONGEVIDAD

En este sentido y para paliar el mencionado riesgo de longevidad, según el FMI es necesario actuar en varios frentes. Primero, los gobiernos deben reconocer el significativo riesgo de longevidad al que los exponen los planes de prestaciones definidas para sus propios empleados y los sistemas de seguridad social para las personas de edad avanzada. Segundo, el riesgo debe estar debidamente distribuido entre los particulares, los organizadores de los planes de pensiones y el gobierno. Tercero, se puede recurrir a los mercados de capital para transferir el riesgo de longevidad de los planes de pensiones a quienes tienen más capacidad para gestionarlo.

A modo de conclusión, el informe reseña que una reforma esencial es permitir que la edad de jubilación aumente a la par de la longevidad esperada. Esta podría ser una obligación impuesta por los gobiernos, pero también se podría ofrecer incentivos a los particulares para postergar la jubilación, subraya el FMI. Por último, reconocer y mitigar mejor el riesgo de longevidad es un proceso que debe ponerse en marcha ahora. Por ello, afirma el organismo que si se postergan estas acciones, las medidas tardarán años en dar fruto y será más difícil abordar debidamente esta cuestión.

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