Este sí del Tribunal Supremo, según explicó el mismo presidente, supone un paso hacia la salud universal. Obama aplaudió el resultado, no por motivos políticos (sin duda, ayudará en los resultados de las próximas elecciones), sino como él mismo afirmó porque "estamos asegurando que cualquier estadounidense que enferme tenga las mismas oportunidades de acceder a cuidados médicos".

Estados Unidos se gasta en Sanidad aproximadamente el equivalente al 19% del PIB. Estos gastos sanitarios crecen el doble que el PIB y amenazan con sepultar a la economía estadounidense. Con el aval del Tribunal Supremo, comienza el 'mandato universal' que obliga a los estadounidenses a contratar un seguro médico privado a partir de un cierto nivel de ingresos, y que también fuerza a las empresas a contribuir a ese seguro de sus empleados en determinados casos. Además, las compañías de seguros médicos no podrán imponer límites a la curación de los asegurados y no podrán discriminar a los niños con enfermedades previas.

De esta forma, algunas de las medidas y cuestiones más señalas que incluye la reforma son: la expansión del sistema de sanidad público-privado para la tercera edad llamado Medicare; la obligación de las aseguradoras a proveer asistencia médica a los menores de 26 años que vivan con sus padres, lo que significa que, en la práctica, los seguros de los progenitores cubren a los jóvenes; y la limitación de las "enfermedades preexistentes".

No todas las reacciones han sido de optimismo ante el resultado del Supremo. El candidato presidencial republicano, Mitt Romney, no se mostró entusiasta con la noticia y destacó que esta sentencia hace más necesario que nunca que su partido recupere la Casa Blanca, donde ha prometido derogar la ley el primer día que llegue. “Nuestra misión está clara: si queremos reemplazar la reforma sanitaria de Obama, tenemos que reemplazar al presidente Obama”, aseveró.