En esta segunda intervención de la presidenta se ha realizado un repaso sobre los diferentes modelos evolutivos para terminar en la labor primordial del sector asegurador y la importancia de una buena comercialización de estos productos. “Llevo años propugnando que los aseguradores europeos estudiemos las estrategias de comercialización de microseguros en América Latina, porque estoy totalmente segura de que tenemos mucho que aprender en este terreno”, subrayó la directiva.

Las pensiones para la directiva tienen que saber aportar un enfoque equilibrado ante las tensiones demográficas y financieras dejando clara la idea de que reparto y capitalización no compiten entre sí sino que son complementarias, González de Frutos centró sus palabras en el papel del seguro: “Sólo el seguro tiene la capacidad de ofrecer entornos de rentabilidad continuada en el largo plazo, con o sin participación en beneficios. Y sólo el seguro, por definición dado que es una operación financiero-actuarial, puede ofrecer esa institución que es la renta vitalicia, el pago periódico constante que sólo se termina con el fallecimiento del beneficiario. La renta vitalicia es la auténtica pensión privada, porque adopta exactamente la misma forma que la pensión pública; lo único que varía es el pagador”. El seguro, pues, añade “tiene la gran virtud potencial de clonar la idea de pensión”.

Para González de Frutos, “el seguro y los fondos de pensiones llegamos hasta donde nos invitan. Vendemos un producto contingente, a veces digo que contraintuitivo: debemos convencer a la gente de que deteriore ligeramente su bienestar presente para construir un bienestar futuro. El ahorro necesita, pues, de gobiernos, de clases políticas, que entiendan la virtud inherente a su desarrollo y, consecuentemente, se acerquen a los aseguradores para diseñar estrategias de difusión y crecimiento”.

Sistemas de repartos ¿cómo mantenemos el status quo?

Las generaciones futuras serán las que hereden los problemas de las pensiones, hablando mal y pronto, esto serían la base de las reformas de los sistemas de reparto. El problema que se plantea en el momento presente es que las tensiones demográficas ponen en cuestión la posibilidad de mantener en el futuro este status quo. “Un buen número de sistemas de reparto en el mundo ha agotado ya las posibilidades de las reformas paramétricas. Esto es, han ejecutado todos los cambios posibles basados en endurecer los parámetros del sistema, exigiendo más años de cotización para tener derecho a pensión o para percibir la pensión plena”, afirma la presidenta de FIDES y UNESPA. “Ya son muchos los sistemas que, formalmente o en la práctica, -añade- ponderan los derechos de pensión teniendo en cuenta toda la vida laboral del cotizante. Por lo tanto, cuando lleguen en el futuro más ajustes sólo van a tener una vía, que es modificar la edad de jubilación”.

Para Gonzáles de frutos esto se sustenta en tres medidas que tiene que adoptarse: La primera de estas medidas es la transparencia. “Los sistemas de seguridad social suelen ser muy complejos pero, al fin y a la postre, acaban en una estación término que es muy fácil de entender, que es la pensión”.

El segundo elemento e es que un sistema de reparto debe prescribirse a sí mismo un mecanismo técnico de cálculo de su sostenibilidad. “Es lo que tienen los productos de capitalización, y asombra comprobar que los sistemas de reparto, a pesar de ser, en la práctica, un compromiso a largo plazo, no lo tengan tampoco”, detalla.  Y el tercer elemento es la existencia de mecanismos de ajuste automáticos: “Éstos dependerán mucho de que el sistema sea de prestación o de contribución definida, pero sucintamente podemos hablar de tres: La edad de jubilación; el segundo elementos de reajuste es el ligado a la tasa de dependencia; y el tercero los mecanismos de restricción presupuestaria”.

El reto de América Latina

Más en detalle, sobre la región de América Latina para Pilar González de Frutos “un reto importante que presenta el problema de las pensiones en Latinoamérica es la implantación de escalones no contributivos universales y eficientes en su labor, para lo cual hace falta un nivel suficiente de ingresos públicos” asegura. Aquí, puntualiza la directiva, entra a jugar ese otro factor sobre que hay dos grandes razones para tratar el tema de las pensiones en Latinoamérica de una forma específica.

"En América Latina al estar los sistemas de bienestar común en diferente estado de desarrollo en los países de la región, no es posible, en el marco de poblaciones crecientemente envejecidas, apostar por la construcción de un pilar de reparto que deje para más adelante el desarrollo de los pilares de capitalización", revela González de Frutos.

Otra razón “es el porcentaje de trabajo informal o economía sumergida”. La directiva detalla que consultado los datos sobre los ingresos tributarios en los países Latinoamericanos en proporción al PIB, según CEPALSTAT, la oficina estadística de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Este organismo perteneciente a la ONU señala que los ingresos tributarios fluctúan entre el 26% del PIB observado en Brasil (no he tenido en cuenta cuba) y algo menos del 10% en México. Estos porcentajes se comparan con el 46% de Dinamarca, 40% de Suecia, 32% de Noruega, 30% de Italia… por citar sólo algunos ejemplos. “En estas diferencias actúan los diferentes niveles de desarrollo, pero también el nivel de formalidad de dicho desarrollo”, matiza.

Prestaciones no contributivas y la lucha contra la pobreza

Esto me lleva a concluir que la previsión colectiva en Latinoamérica tiene un importante reto por delante en lo relativo a las prestaciones no contributivas y la lucha contra la pobreza desde la previsión. “Lucha que, éste es el concepto que me gustaría dejar claro, ni se puede, ni se debe, realizar de forma desconectada con las soluciones de capitalización que instrumentan aseguradoras y fondos de pensiones". “No es buena idea, en mi opinión, desechar el papel que los fondos de pensiones y los seguros de vida juegan a la hora de formalizar las relaciones laborales”, concluye.

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