Sobre todo la transformación de las aseguradoras en entidades prestadoras de servicios, ya que “el cliente busca no tanto una indemnización o una compensación por un daño sufrido, sino que se le resuelva el problema”, y en el trasvase desde la venta de seguros de Ahorro hacia el asesoramiento financiero.

“El Seguro tiene una enorme capacidad de contribuir al bienestar social. Para ello debe ganarse la confianza de los ciudadanos, que diez años después del inicio de la crisis han perdido la fe en las instituciones financieras, especialmente los jóvenes que se acaban de incorporar al mercado laboral, que contrasta con la confianza que estos muestran a las empresas tecnológicas”, subraya. “Esa confianza se gana, y se mantiene, con transparencia, conductas éticas, principios de no discriminación, y un tratamiento adecuado de las necesidades de los clientes”, concluyó Álvarez.