Afirma, entre otras cuestiones, que en estos tiempos de crisis, “se ha hecho más palpable la necesidad de alianzas, de acuerdos de colaboración, de búsqueda de  sinergias”. A partir de esta crisis –detalla- muchas de las técnicas de entender la empresa hoy, se van a quedar durante  mucho tiempo entre nosotros”.

Reconoce, por otro lado, que “lo más complejo en el sector de la distribución es el futuro regulatorio incierto”, de ahí la importancia “de que nuestro  canal no se disperse en muchas y débiles voces, sino contar con una, clara y alta”. Y añade: “Lo que peor  funciona es la falta de rigor y voluntad de nuestros políticos en la aplicación de normas que eviten los abusos a los que la banca somete a nuestros clientes por su posición dominante frente a  los ciudadanos, frente a toda la sociedad”.

HAY QUE LLEGAR A LA SOCIEDAD

Observa, además, que un punto débil del mediador es que “no hemos sido capaces, hasta ahora, de conseguir un reconocimiento profesional amplio en la sociedad”. “Es verdad que nuestra imagen ha mejorado y sigue mejorando, pero a una lenta velocidad. Sí somos reconocidos en nuestro sector, pero no hemos llegado a trasladarlo nítidamente aún a la sociedad. Es necesaria una ambiciosa e inteligente política de divulgación que llegue a todos los estamentos de nuestra sociedad”, demanda.

Finalmente, advierte de los riesgos para el colectivo de caer en estrategias centradas en el precio. “Hemos conseguido, lamentablemente, que el cliente haya aprendido rápidamente la perversión de la sobredimensión del factor precio, rebajándolo a la categoría de producto basura. Nuestro canal debe apartarse de ese modelo. No debemos dejarnos caer en la tentación de hacer valer a nuestro cliente que es el precio el elemento diferencial de nuestra oferta. Caeríamos en los brazos de los otros canales, que lo único que aportan es ese factor. A la larga, siempre perderíamos”, concluye.