Jose María ElgueroEl pasado año ha sido el más caluroso en el planeta desde que se tiene registros, lo cual no es, en absoluto, positivo, y las tendencias apuntan a que 2019 podría ser aún más caluroso. Como dice un amigo mío, "esta primera parte del cambio climático está siendo estupenda". Pensar que la última quincena de febrero 2019 hemos tenido temperaturas de hasta 30 grados en el litoral mediterráneo y cerca de ese dígito en la cornisa cantábrica, es una anormalidad climatológica que genera perjuicios aparentemente imperceptibles, pero muy destructivos.

Desde la Cumbre del Clima de París de 2015, más política y bienintencionada que vinculante, la temperatura del planeta aumenta cada año. La advertencia de que la misma no debería superar los 2 grados centígrados está a punto de cumplirse. La retirada de EEUU de la Cumbre, las políticas antimedioambientales de la Administración Federal norteamericana, la débil respuesta política al cambio climático y las actuaciones descoordinadas entre países y dentro del mismo territorio, impiden revertir el avance del cambio climático. Incluso en Europa, las políticas medioambientales son divergentes. Muchas de las normas de funcionamiento del Acuerdo de París, instrumentadas en el Paquete de Katowice, están pendientes de implementar.

Las llamadas de atención sobre el cambio climático y sus consecuencias, que realiza recurrentemente la comunidad científica, no son atendidas con la contundencia que tienen; ahí están las conclusiones del Diálogo de Talanoa, que no han conseguido dinamizar los acuerdos internacionales necesarios para mitigarlo. No en vano, de los cinco riesgos globales que el World Economic Forum prevé para este año, tanto en términos de impacto como de probabilidad, tres de cada categoría están vinculados al clima y uno de ellos es, precisamente, el riesgo de debilidad en la respuesta política coordinada. Los otros son los eventos climatológicos extremos y los desastres naturales (huracanes, inundaciones, tsunamis,…). En los cuatro últimos años, el Foro Económico Mundial viene advirtiendo de forma reiterada sobre los riesgos del cambio climático, que afectan, interconectadamente, a la economía, la geopolítica, la sociedad, la salud, la diversidad y la sostenibilidad.

Hoy es normal, en la mayor parte del planeta, que al abrir un grifo salga agua para el consumo y la higiene, lo que garantiza bienestar y desarrollo. Pero el Foro de Davos invita a reflexionar, dentro del capítulo Future Shocks, sobre qué pasaría si los grifos estuvieran secos cuando la población demandara agua. ¿Sería imaginable un mundo sin agua, sin acceso al agua corriente que emana de un grifo corriente?

De cara a 2019 hay varios frentes abiertos en la escena climática internacional: El Green Climate Fund se ha quedado con los recursos financieros mermados tras la retirada de EEUU; Naciones Unidas ha convocado a los grupos de interés y actores involucrados en la lucha contra el cambio climático a una Cumbre, en septiembre de 2019, con la intención de arrancarles un compromiso serio y riguroso de actuación; en España la Agenda 2030 contempla la lucha contra el cambio climático entre sus prioridades pero tenemos pendiente de aprobar la Ley de Cambio Climático y Transición Ecológica. Demasiados retos para poco tiempo, pero nunca es tarde si existe la voluntad de hacer políticas públicas tendentes a salvaguardar el planeta, empezando por la fiscalidad.

José María Elguero es vocal de la Junta Directiva de AGERS