“Según nuestros estudios, la detección del fraude es el principal reto de las compañías a la hora de alcanzar sus prioridades de negocio, con una actividad delictiva que produce pérdidas en las empresas equivalentes al 5% del PIB mundial” declaró Giulio Mariani, científico de datos del equipo de Experian EMEA.

La nueva generación de tecnologías de detección y prevención de fraude están marcando la diferencia. Se desarrollan elementos basados en el Machine Learning, IA o la biométrica, como el análisis de los datos transaccionales para la percepción del fraude (TDFI, por sus siglas en inglés), la analítica de datos web para la percepción del fraude (WDA), la analítica de la voz del consumidor (VoC) o el “nuevo Big Data” se mostraron esenciales para luchar contra la constante amenaza que supone el fraude.

La aparición de nuevas plataformas de pago y la dinamización del sector de la banca, con la evolución de las API y las Fintech como punta de lanza, ha supuesto un cambio radical para los consumidores, que, pese a estar respaldados por el GDPR, se escudan en la confianza que les infunden las compañías y el reconocimiento que tengan de estas.

“La confianza y el reconocimiento se mantienen como elementos clave a la hora de realizar actividades online, especialmente transacciones” declaró Modesto Villajos, director de Desarrollo de Negocio, Fraude e Identidad de Experian España. La detección de fraude se mantiene como un elemento esencial en los objetivos de negocio de las compañías, respaldado por la confianza y el reconocimiento, ya que que le supone un 67% de los costes para un negocio, frente al 33% de los buenos clientes denegados.