Desde que la Comisión de Riesgos del Estado (CRE) decidiera reabrir la cobertura con este país asiático, en enero del año pasado las empresas españolas han elevado sensiblemente su interés por Irán y las solicitudes de operaciones a través de cartas de intención que actualmente tiene CESCE superan los 4.253 millones.

De total de proyectos que ya están en desarrollo, 236,60 millones corresponden a pólizas y otros 374,21 millones a ofertas en vigor, cantidades que, en conjunto, suponen el 91% del importe total de las operaciones apoyadas que se eleva a 670,29 millones. Entre los proyectos que impulsan desde la aseguradora destacan la exportación de suministros de equipos para plantas petroquímicas, equipos para proyectos de refinería, plantas desalinizadoras de agua, maquinaria para procesamiento de aceitunas de mesa, productos farmacéuticos de uso veterinario y fertilizantes, entre otros.

Jaime García-Legaz, presidente de CESCE, afirmó que “Irán se está convirtiendo en un mercado lleno de oportunidades y ávido de financiación exterior para el desarrollo de proyectos que permitan recuperar el terreno perdido durante los años de vigencia de las sanciones impuestas por Naciones Unidas al país”. Estas declaraciones se realizaron durante su intervención en un encuentro organizado por The Diplomat in Spain, junto al embajador iraní Mohammad H. Fadaifard, donde el máximo responsable de la aseguradora resaltó que “su respaldo es fundamental para facilitar la exportación española a Irán".

Desde la aseguradora recuerdan que Irán ha sido tradicionalmente un destino relevante del seguro de crédito y la política de cobertura permaneció abierta ininterrumpidamente desde el fin de la guerra con Irak en 1998 hasta 2010, cuando las sanciones de la Unión Europea prohibieron explícitamente la provisión de seguro de crédito con apoyo oficial. El acuerdo sobre el programa nuclear iraní, concluido el 14 de julio de 2015, permitió el levantamiento de las sanciones impuestas con motivo de dicho programa nuclear, abriendo el comercio y las inversiones a un país cuya posición de solvencia seguía siendo buena, con una deuda externa excepcionalmente baja y que seguía registrando superávit por cuenta corriente.

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