Este tratamiento tiene un efecto hidrofóbico, haciendo que las gotas de lluvia apenas toquen la superficie; en su lugar, forman “perlas” que ruedan fácil y rápidamente por el parabrisas hasta desaparecer. Asimismo, este tratamiento evita la congelación de las superficies acristaladas en condiciones de baja temperatura o heladas, facilitando la retirada del hielo depositado en el cristal tratado. De fácil aplicación, el tratamiento puede llegar a mantener su efectividad durante un año o 15.000 kilómetros.