Sin embargo, el control del aumento de los costes en el segmento de la salud complementaria sólo es uno de muchos retos para los administradores, según expuso. Apuntó como al gran villano del sistema a la VCMH (Variación de los Costos Médicos Hospitalarios), el índice conocido como “inflación médica”, que consiste en el coste de las consultas y los exámenes y la frecuencia de uso de los servicios por los usuarios.

Según sus cálculos, la inflación médica llegó a su apogeo a finales del año pasado, alcanzando hasta el 15%, un porcentaje tres veces superior a la tasa oficial de inflación del país registrado en el mismo período. En base a los datos de la Agencia Nacional de Salud Suplementaria (ANS), Bitter expuso un gráfico del retrato de la dinámica de los costes en las operadoras de salud, medido por la variación de la siniestralidad por trimestre. El detalle que llamó la atención fue la volatilidad de la siniestralidad en relación con el número de vidas de las operadoras. “Cuanto menor sea la cartera, mayor es la siniestralidad. Por lo tanto, avanzar en el plano de la salud es fundamental”.

Bitter señaló que el aumento de los costes de atención en salud están relacionados con las tres transiciones actuales: epidemiológicas, demográficas y tecnológicas. A su juicio, algunos tipos de las dolencias más habituales varían de acuerdo al grado de desarrollo de los países. Los que están en el grupo de países en desarrollo muestran una prevalencia de las enfermedades infecciosas y la desnutrición, debido a la falta básica de ambiente higiénico adecuado. Ya los países más desarrollados, tienen un predominio de enfermedades crónicas como la diabetes y enfermedades del corazón, ambas relacionadas con los malos hábitos de vida.

Brasil, dijo, está “en medio del camino”, es decir, presenta la incidencia de las enfermedades de los dos grupos de países. Sin embargo, el aumento de las enfermedades crónicas crea un problema adicional en los costes de la atención de salud, ya que son más difíciles de tratar. La misma situación se produce en la actual etapa de la transición demográfica, en la que el criterio de la mayor transformación de la pirámide de edad en Brasil es cada vez mayor longevidad. “La población está envejeciendo rápidamente, mientras que la tasa de natalidad cae”, apuntó.