Muchos países han adoptado medidas legislativas para incrementar este ahorro finalista destinado a complementar las pensiones públicas de reparto, avanzando hacia sistemas mixtos de pensiones. En la mayor parte de los casos se ha hecho a través de la potenciación y generalización de pensiones complementarias en el ámbito empresarial. Un buen ejemplo es Reino Unido, que introdujo el "automatic enrollment" en 2012, y que ha cosechado resultados notables, según un reciente informe del Department for Work and Pensions (DWP).

El objetivo del Gobierno británico es ayudar a los ciudadanos a ahorrar para su jubilación mediante un sistema de adscripción automática. Las empresas están obligadas a inscribir a sus trabajadores en un sistema de pensiones ocupacional y estos disponen de un plazo para renunciar o no a su incorporación. Incluso pueden dejar de aportar en cualquier momento, abandonando el sistema. No obstante, se abre cada tres años un nuevo periodo de reinscripción para estos empleados.

El nuevo sistema afecta actualmente a trabajadores de más de 22 años de edad con un salario anual superior a 10.000 libras, aunque se estudia extenderlo a los 18 años sin límite de ingresos. El nivel de contribuciones exigido ha sido progresivo: hasta abril de 2018 la aportación mínima era del 2% (la empresa al menos el 1%). A partir de esa fecha aumentó al 5% (mínimo 2% a cargo de la empresa) y desde abril de 2019 al 8% (3% o más para la empresa). En esos porcentajes se incluye la contribución obligatoria que deben efectuar los trabajadores y el apoyo estatal en forma de beneficio fiscal, que aumentó progresivamente desde el 0,2% al 1%. Los porcentajes se aplican a una banda salarial limitada entre 6.032 libras y 46.350 libras.

Desde su puesta en marcha, más de 9,9 millones de trabajadores de 1,4 millones de empresas, han sido inscritos automáticamente. Su implantación ha sido progresiva en función del tamaño de las empresas, culminando recientemente con la incorporación plena de las microempresas (menos de 4 trabajadores).

Con ello, se ha logrado que el número de trabajadores en Reino Unido que contaban con pensiones ocupacionales se sitúe en 17,7 millones (84% de la población elegible) en comparación con los 10,7 millones de 2012 (entre 2007 y 2012 se había reducido de 12 millones a 10,7) y que el patrimonio acumulado supere los 90.000 millones de libras.

En el informe aparecen algunos elementos muy llamativos, como por ejemplo que las tasas de renuncia o de abandono se mantienen en niveles inferiores al 10%, lo que sugiere una amplia aceptación por parte de las plantillas. También se destaca que la cuarta parte de las empresas (30% para las micro y 35% para las grandes) empezaron aportando desde el inicio el 3% o que un 25% contribuye por encima del mínimo o que más del 92% de trabajadores que aportan entre el 3 y 4% recibieron una contribución empresarial equivalente o superior. Y lo hacían porque consideraban que era algo muy beneficioso para su personal.

Entre las razones del éxito cabe citar que es un sistema muy sencillo, fácilmente comprensible para trabajadores y empresas. Además, el supervisor británico lanzó una amplia campaña de comunicación y publicidad para elevar el nivel de concienciación e información y se creó NEST (National Employment Savings Trust) para facilitar el proceso, que es un plan de pensiones de adscripción por defecto y de bajo coste, con su propia gestora con vocación de servicio público y que acepta a todas las empresas que quieran integrarse. Más de 6 millones de trabajadores y más de 600.000 empresas están integrados en NEST, que administra actualmente más de 2.700 millones de libras.

Generalizar las pensiones complementarias ocupacionales, incrementando el ahorro a largo plazo, constituye un doble reto inaplazable para nuestro país. La buena noticia es que existen soluciones contrastadas. Hagamos como Dinamarca, Irlanda o Polonia que planean incorporar sistemas similares.