A esto hay que sumar otro factor de riesgo para el estado del bienestar en los países de la región: según revelan las estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), solo el 45% de los trabajadores latinoamericanos cotiza a la seguridad social, lo que pone en riesgo el pago a futuro de las prestaciones por jubilación para aquellos que no cuentan con un plan de pensiones privado.

Este contexto hace que algunos países se están planteando crear modelos de previsión mixtos que no estén basados exclusivamente en el ahorro individual, aunque el modelo privado será sin duda necesario ante la limitación generalizada de recursos de los sistemas públicos.

Menos crecimiento

Por otro lado, el Banco Mundial ha rebajado en más de un punto su previsión de crecimiento en la región para este año. Hace seis meses, se esperaba que América Latina acelerara su crecimiento en 2018 pero ahora el pronóstico de avance se queda en un exiguo 0,6%, medio punto más bajo del que finalmente resultó en 2017. Además, advierte del riesgo que supone el pago de la deuda y la reversión en los flujos de capitales debido a la nueva política monetaria de EE UU.

Las economías que más lastran el balance general son la argentina (caerá un 2,5% este año), la brasileña (crecerá solo un 1,2%) pero sobre todo la venezolana, que se desplomará un 18,5%. También hay que contar con un empeoramiento generalizado del contexto internacional que frenará las exportaciones.

Con todo, mejor le irá a México, con un crecimiento previsto para este año del 2,3%; a Colombia (+2,7%); Perú (+3,9%) y Chile (+4%). El Banco Mundial espera que el crecimiento se fortalezca en 2019 cuando podría alcanzar una tasa del 1,6%.