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La sospecha de padecer ELA no supone mala fe del asegurado

BDSMercado

La Audiencia Provincial de Murcia ha emitido una sentencia (de 19 de mayo de 2020, recurso 564/2019) en la que dicta que la sospecha de padecer ELA, que no fue comunicada en el momento de la firma de un contrato de seguro, no supone mala fe del asegurado que exima a la compañía de pagar por los daños de un accidente.

En el caso, en base a la póliza de un seguro de Vida y Accidentes suscrita, el asegurado reclamó el pago de la indemnización correspondiente por la incapacidad permanente absoluta para todo trabajo, que le fue reconocida por el INSS por padecer ELA. La compañía se negó al abono de la prestación contratada, porque consideraba que el asegurado había ocultado datos relevantes para la valoración del riesgo a la hora de rellenar el cuestionario de salud al contratar la póliza.

La ELA es una enfermedad degenerativa de difícil diagnóstico, siendo el asegurado desconocedor de la grave enfermedad que padecía en el momento de suscribir la póliza, toda vez que el diagnóstico definitivo no se produjo hasta casi un año después. En el momento de suscribir la póliza únicamente existía una mera sospecha de padecer ELA, No un diagnóstico definitivo. Debe tenerse en cuenta, por tanto, que las patologías que padecía el asegurado no le impedían desarrollar una vida normal.

La Sala considera que no se pudo producir una omisión de los datos en el cuestionario por parte del asegurado. Los médicos neurólogos únicamente tenían una sospecha de que podía padecer tan grave enfermedad. La aseguradora, para quedar exenta de su obligación de asumir el siniestro, debía acreditar cumplidamente no solo la existencia de la omisión alegada, sino también que había concurrido malicia o negligencia grave en dicha ocultación, lo que no sucede en el presente caso.

En definitiva, la sentencia de apelación concluye que no medió dolo o culpa grave del tomador del seguro. Por lo tanto, no se libera a la aseguradora del pago de la prestación convenida. El cliente no era consciente, cuando suscribió la póliza, de padecer la grave enfermedad que se le diagnosticó 11 meses después.

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