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La plena incorporación de la mujer al mercado laboral sumaría 50.000 millones solo en seguros de Vida

REDEWI

Por raro que parezca, hay entidades financieras y aseguradoras que no registran el género de sus clientes (¿o son clientas?). Este ejemplo de la falta de información que aún existe se traduce en estrategias de producto y de venta inadecuadas. Y no es el único freno al desarrollo del sector financiero y asegurador: corregir la falta de igualdad salarial, así como la exclusión financiera generaría miles de millones de euros de nuevos ingresos.

La desigualdad económica entre hombres y mujeres es más de lo que parece, además representa “una de las principales fuentes de desigualdad social, así como de ineficiencias económicas y de prácticas medioambientales no sostenibles. ¿En qué medida puede el sector asegurador contribuir a mitigar esa desigualdad y favorecer la inclusión financiera de las mujeres?”.

Esta es la pregunta que se hacía Veronica Scotti, head of Public Sector Solutions en Swiss RE, al presentar el webinar que esta entidad y el Banco Mundial de las Mujeres organizaron hace unos días para abordar el papel del sector asegurador en torno a estas cuestiones.

“Hay evidencias muy contundentes de diversas organizaciones, incluido el Fondo Monetario Internacional, que demuestran cómo la desigualdad de género se correlaciona directamente con la desigualdad económica en general”, remarcaba Mary Ellen, presidenta del Banco Mundial de Mujeres.

Autora de un libro publicado en abril que se titula “No hay nada micro en 1.000 millones de mujeres: hacer que las finanzas funcionen para las mujeres”, en referencia el número de féminas que se estima siguen fuera de la economía formal, recordó asimismo que en cualquier país, región del mundo o grupo social, las mujeres son siempre “las más excluidas”, por lo que cualquier programa que trate de atajar los problemas sobre la brecha salarial e inclusión financiera debe tener en cuenta de forma específica a las mujeres.

Otra forma de verlo, la del estímulo puro y duro, es el beneficio que aportaría al sector financiero un cambio de paradigma. “Habría una oportunidad de 700.000 millones de dólares para proveedores financieros si las mujeres trabajaran al mismo nivel que los hombres”. Esos son los ingresos que generarían cada año, de los que 50.000 millones podrían destinarse a adquirir seguros de vida si las mujeres tuvieran el mismo nivel de cobertura que los hombres.

Pero además del coste de oportunidad, Ellen señaló cómo de forma similar en todo el mundo cuando las mujeres tienen no solo acceso al sistema financiero sino también capacidad para decidir cómo gastar el dinero “impulsan un cambio real en los hogares y las comunidades: gastan en mayor medida que los hombres en educación tanto para sus hijos como para sus hijas, en sanidad para toda la familia, en mejoras en sus viviendas y en alimentación”.

Ellen completó este cuadro con la relación positiva entre esa inclusión ‘completa’ de las mujeres y sus índices de participación en procesos electorales -tanto a la hora de votar como de ser candidatas-, así como para su autoestima y la capacidad para pensar en el futuro en lugar de vivir al día, con las implicaciones que eso tiene cuando se trata de adquirir productos aseguradores.

Redefinir el contrato social

“Necesitamos redefinir el contrato social porque no funciona”, advirtió Jérôme Haegeli – economista jefe del Swiss Re Institute-, en un momento en el que las crisis se parecen a “un tsunami que llega en olas sucesivas”, dijo tras aludir a la cada vez mayor frecuencia de eventos climáticos catastróficos, sumado a recientes y sucesivas crisis como la que han provocado la Covid y la invasión de Ucrania.

A pesar de reconocer que la brecha salarial se ha reducido en los países ricos, se preguntó por la forma de asegurar que el sistema sea más inclusivo ya que, en su opinión “solo un sistema más inclusivo impulsará las ganancias en el futuro”. Para poner en contexto el aspecto humano del estado de cosas actual, señaló que la diferencia en la esperanza de vida en EE UU entre el 1% de las personas más ricas y el 1% más pobre es de entre 10 y 15 años. “Es una diferencia enorme”, exclamó.

Para Haegeli, el seguro es clave en esta redefinición del contrato social. “Los seguros requieren que la clase media tenga los beneficios suficientes, pero este segmento social está amenazado, especialmente en las economías avanzadas”. “Nuestras investigaciones muestran claramente que si ayudamos a redefinir el contrato social con la colaboración de los seguros públicos y privados estaremos promoviendo el crecimiento del mercado y del ‘colchón’ frente a los próximos shocks y eso es lo que necesitamos, un mayor colchón y resiliencia del sistema”, propuso.

¿Qué necesita, de verdad, el cliente?

El tercer ponente de este webinar, Mario Wilhelm, head Middle East & Africa Public Sector Solutions en Swiss RE, se refirió a otro de los topes del crecimiento en el mercado asegurador, la adaptación de los productos a las necesidades de los clientes y su mismo diseño para que realmente ofrezcan respuestas a su estilo de vida.

Utilizó como ejemplo el hecho de que “el 95% de las pérdidas por catástrofes naturales en países de ingresos bajos y medios no se aseguran, lo que quiere decir que no les estamos dando servicio y no tenemos datos tampoco de cómo estos eventos les afectan, mucho menos los problemas relacionados con el género”.

Para Wilhelm, esta falta de comprensión de lo que está pasando “quiere decir que los productos que tenemos como industria no encajan con las necesidades de los clientes y que los canales de distribución no llegan a la población. Este es la brecha de aseguramiento. Tal vez se pueda echar mano de la tecnología, pero el verdadero reto es entender al cliente”. “Tenemos que hacer más colectivamente”, reclamó. Un ejemplo de posible solución destinada a trabajadores que se encuentran en la economía informal sería “ofrecerles seguros mensuales o incluso diarios”. “Esto podría abrir un mercado nuevo”, propuso.

Por su parte, Scotti retomó el asunto de la falta de información sobre los/as clientes/as en determinados mercados -ya que como se puso de manifiesto a veces es también sobre el su género- y preguntó a Jérôme si los grandes fondos de pensiones estarían más interesados en invertir en inclusión financiera de existir una mayor transparencia del lado del sistema financiero sobre las características de los clientes. “Absolutamente, sería como añadir unos Estados Unidos y una China a la economía…”, afirmó.

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