Joaquín Ruiz Echauri Socio de Pérez-Llorca
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La cobertura silenciosa de la IA

Joaquín Ruiz Echauri, socio de Pérez-Llorca
BDSMercado

El año que terminamos ha contado con dos grandes novedades en el campo de la Inteligencia Artificial (IA) y sus repercusiones para el sector asegurador. La más sonada ha acontecido a principios de este mes de diciembre, al acordar la Unión Europea los términos generales del futuro Reglamento de IA. Contendrá tras su adopción y entrada en vigor, en una fecha que bien se puede ir a 2027, un impacto indudable en la evaluación de riesgos relacionados con las personas físicas, así como efectos en las herramientas de fijación de precios en seguros de vida y salud.

En efecto, los sistemas de IA utilizados en tales procesos pasarán a considerarse de alto riesgo y, en consecuencia, quedarán sometidos a distintos controles, tales como una evaluación de conformidad independiente, a fin de evitar la exclusión financiera y la discriminación. Huelga decir que la tarea de preparación ante esos retos no puede posponerse a la entrada en vigor de la norma y de hecho, viene siendo acometida por la industria casi desde principios de la presente década.

La segunda novedad ha sido mucho más discreta y ha venido percibiéndose poco a poco en renovaciones de programas de grandes riesgos, y es la valoración que entraña en términos de calibración del riesgo el uso de herramientas de IA en los procesos y operaciones de los asegurados. La situación ha sido comparada, con razón, con el momento en que el Sector empezó a percibir los ciberriesgos como situaciones que detonaban reclamaciones de los asegurados bajo pólizas no específicamente concebidas para cubrir riesgos cibernéticos. Las coberturas silenciosas, como han sido denominadas, han sucedido de forma constante cada vez que una reforma legislativa o una nueva tecnología o proceso acumulaba un riesgo a una actividad asegurada, y provocado incluso discusiones sobre posibles sobreseguros cuando iban apareciendo productos de primera generación específicos que ya se enfocaban a la cobertura concreta de los riesgos más o menos novedosos, confluyendo con productos de daños y responsabilidad existentes.

En períodos de coberturas silenciosas, en todo caso, la solución práctica pasa por refinar la investigación del riesgo asegurado durante el proceso de suscripción, factorizando el empleo de IA en la prima, pues es temprano para implantar exclusiones al no haber coberturas ad hoc. Esto exige diálogo, pues en un entorno desregulado como el actual, los asegurados no perciben cómo tal empleo puede disparar sus riesgos y coste de seguro, cuando lo cierto es que multiplican los riesgos de daños a terceros por propiedad intelectual, protección de datos, etc.

Por otra parte, la utilización de IA a su vez incrementa la exposición a ciberriesgos, y cualquier cuestionario de suscripción actualizado debería ahondar en qué grado de empleo de herramientas de IA se viene llevando a cabo.

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