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La brecha de género en el deporte entre los jóvenes revela barreras de autoexigencia y una sesgada oferta deportiva
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Informe de Fundación MAPFRE

La brecha de género en el deporte entre los jóvenes revela barreras de autoexigencia y una sesgada oferta deportiva

Entorno

Solo 2 de cada 10 mujeres jóvenes son activas, una tasa de abandono que se produce sobre todo entre las jóvenes de 16 a 18 años

La mayoría de las jóvenes dejan de hacer deporte cuando llegan a la Universidad, incluso muchas abandonan la actividad física en el bachillerato. El 76% de las mujeres de entre 12 y 25 años no cumple con las recomendaciones mínimas de actividad física establecidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), 16,7 puntos porcentuales menos que los hombres (59%). Además, ellas realizan un 33% menos de práctica de actividad física, lo que pone de manifiesto la existencia de una importante brecha de género en la práctica deportiva, sobre todo entre las jóvenes de 16 a 18 años.

""Esta acusada diferencia de género en la actividad física se debe a una serie de motivaciones o barreras muy concretas para el sexo femenino. Así se reveló ayer de la mano de Antonio Guzmán, director de Promoción de la Salud de Fundación MAPFRE; Javier Ramos, rector de la Universidad Rey Juan Carlos; y Fernando del Villar, catedrático de Educación Física y Deportiva en dicha universidad y director de la investigación, en la presentación del estudio 'Mujer joven y actividad física', elaborado por Fundación MAPFRE, la Universidad Rey Juan Carlos y la Fundación España Activa.

"Las mujeres tienen una serie de barreras temporales como son la falta de tiempo por la elevada carga académica, la personalidad y sentido de la responsabilidad y el importante papel de la familia", afirmó Del Villar. A estas dificultades se suman las barreras contextuales: “Estas son la escasa y sesgada oferta deportiva femenina, alejadas de las preferencias de la mujer y la falta de apoyo de sus iguales y familiares”. Por todo ello, se genera cierto “desagrado hacia la actividad física” en las mujeres como es la autoexigencia “a la hora de la percepción que tienen de competencia y destreza en el desempeño motriz y la inadecuada orientación de los objetivos de la práctica que son competitivo”.

¿Qué hacer para revertir la situación?

Desde la Universidad se afirma que quieren acabar con este problema que consideran de vital importante, ya que los beneficios que aporta el deporte son de sobra conocidos, aseveró Ramos: “Impactará en la calidad de vida de las mujeres, no solo a corto plazo sino a largo plazo. El 68% de las jóvenes no cumple con las directrices para tener una vida más plena”. Por ello, también se revelaron una serie de soluciones para impulsar el deporte en las mujeres jóvenes.

Así, se plantearon dos soluciones más concretas. La primera centrada en reconocer el perfil diferenciado de la mujer en la práctica de la actividad física y planificar de esta forma una oferta deportiva diferenciada por género, especialmente a partir de la etapa entre 16 y 18 años. Un paso que quiere promover la continuidad de la práctica deportiva de la mujer joven fuera del entorno escolar y reducir la brecha de género existente.

La segunda medida sería proponer a la administración pública, centros y clubes deportivos, entre otros, que reformulen la oferta según las preferencias de la mujer joven, con programas que favorezcan las relaciones interpersonales, la superación de retos asumibles y que fomenten la expresión de habilidades y capacidades personales, el trabajo colectivo y la recompensa grupal. También con programas que favorezcan la percepción de competencia “individualizar el grado de dificultad motriz, favorecer el proceso frente al resultado de la actividad física y actividades orientadas hacia retos personales”, subrayó del Villar, que también animó a usar incluso las redes sociales y la tecnología en general para potenciar la práctica deportiva entre las jóvenes.  

Las sugerencias van dirigidas, además, a los centros educativos, a quienes el estudio aconseja que animen a los adolescentes a ser físicamente activos (para convertirse en adultos activos); y a las familias, para que sean figuras de referencia, que sean conscientes y transmitan los beneficios que conlleva la práctica de ejercicio para la salud, así como para incrementar el rendimiento académico y adquirir valores como la responsabilidad y la disciplina.