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Energía solar y su impacto ambiental

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Juan García Cubillana
Responsable del Área de Medio Ambiente y Oil & Gas de Sedgwick Iberia

Con 35 centrales termosolares, España es, sin duda, líder mundial en el sector, pero el aumento de los incidentes medioambientales es motivo de preocupación en las administraciones públicas.
España fue uno de los primeros países en desplegar la energía solar fotovoltaica a gran escala y actualmente es líder mundial en la producción de energía solar. Sin embargo, los incidentes medioambientales en las centrales termosolares en los últimos años han ido en aumento.
En los últimos dos años, hemos visto cómo el número de siniestros en centrales termosolares con consecuencias medioambientales se disparaba en un 70%. Este tipo de siniestros no es fácil de resolver, ya que incluso los incidentes aparentemente sencillos pueden involucrar a múltiples organismos administrativos medioambientales y el coste de remediación puede variar entre los 150.000 y 1,5 millones de euros. Además, los trabajos de remediación tienen que pasar por la aprobación y seguimiento de las administraciones públicas y pueden tardar hasta dos años en concluirse.

Centrales cilindroparabólicas

En los últimos 5 años, desde Sedgwick Iberia hemos constatado que la mayor parte de los incidentes se localizan en centrales cilindroaparbólicas. Es en estas centrales donde los incidentes tienen un impacto significativo en el medio ambiente, ya que cualquier daño a la infraestructura suele dar lugar a la liberación incontrolada de aceite térmico o fluido de transferencia de calor. El aceite térmico se utiliza en estas centrales como fluido primario en la planta que, al calentarse y trasferir calor al agua, produce el movimiento de las turbinas de vapor de la planta o calienta las sales de transferencia y almacenamiento que son las que aportan energía al sistema.
El aceite térmico consiste en una mezcla de hidrocarburos aromáticos derivados de componentes tóxicos, como el benceno. El aceite sufre cambios volumétricos y de densidad a medida que se calienta, lo que lo convierte en un contaminante muy difícil de clasificar. Por ejemplo, a 25ºC es un fluido viscoso que fluye mal, mientras que a 393ºC es más líquido y ocupa un volumen mayor.

Causa del vertido

Los vertidos de aceite térmico se producen cuando los fluidos calientes del sistema están sometidos a estrés.
Cuando el aceite a presión sale por una fuga, genera una nube de vapor que provoca precipitaciones similares a las de la lluvia. Mientras que el aceite térmico está caliente, fluye fácilmente y se mueve por gravedad a través del subsuelo y puede alcanzar grandes profundidades.
Una vez en el subsuelo, el aceite térmico se «gelifica», es decir, no permanece «flotando» sobre la interfaz entre el suelo y el agua subterránea. Es por ello que, para reducir el impacto ambiental y económico de los hidrocarburos térmicos, se debe identificar y mitigar el alcance del derrame lo antes posible.

Costes de gestión de residuos

En este tipo de siniestros, la mayor parte de los costes corresponden a la gestión de residuos, concretamente en la recuperación, manipulación y tratamiento de suelos contaminados y otros materiales. Por lo tanto, es esencial que estos siniestros sean gestionados por personal experto y proveedores cualificados y con experiencia. La pronta respuesta y el correcto manejo de la información puede reducir el impacto ambiental y los costes del siniestro.
Hemos calculado que cada litro de aceite térmico que penetra en el suelo tiene un impacto económico de entre 70 y 100 euros destinados a restituir el suelo a su estado original. Esto hace que la inversión en la peritación y la precisión en la determinación de la afección sea de vital importancia.

Tecnologías termográficas

El mayor desafío es evaluar la extensión del vertido de manera rápida y precisa. Para proporcionar una solución rentable a este problema, hemos estado propiciando el uso de técnicas no invasivas basadas en termografía y geofísica. Esta técnica combinada consiste en el uso de drones, equipados con equipos de cámaras termográficas a través de las cuales obtenemos imágenes detalladas del sitio afectado y en combinación con técnicas geofísicas nos permite determinar con gran precisión el área afectada. De esta manera identificamos el alcance de las plumas de contaminación, localizamos las fuentes más contaminantes para así proponer medidas de contención y al mismo tiempo, evitar el riesgo de propagación de la contaminación a las aguas subterráneas.

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