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El papel del sector asegurador en la transición energética para una aviación sostenible

José Luis Zarco y Cristina Pérez, associates en Clyde & Co
BDSMercado

Para avanzar hacia una transición energética controlada y sostenible, el 11 de diciembre de 2019 fue presentado por la Comisión Europea el denominado “Pacto Verde Europeo”. Fruto de ello, surgió el paquete de medidas ‘Objetivo 55’, un conjunto de propuestas para la revisión de las legislaciones relativas a la energía, el clima y los diferentes modos de transporte que tiene como objetivo la reducción de las emisiones netas de gases de efecto invernadero en, al menos, un 55% para el año 2030 con respecto a las emisiones de 1990. Es decir, una fuerte apuesta por una Unión resiliente al cambio climático que aboga por la descarbonización de la economía.

En este escenario, el pasado mes de octubre de 2023 se publicó el Reglamento Europeo 2023/2403 sobre la iniciativa ReFuelEU Aviation –que resulta de aplicación desde el pasado 1 de enero–, fijando las directrices y líneas de actuación a seguir por los Estados miembros en aras de alcanzar, en el sector de la aviación, los propósitos que dimanan del ‘Objetivo 55’.

Para ello, establece un marco de “condiciones de competencia equitativas en el mercado del transporte aéreo” que, fundamentalmente, consisten en una serie de obligaciones para los sujetos intervinientes; entendiendo por estos: operadores de aeronaves, operadores aeroportuarios y proveedores de combustible. El precepto es claro: a partir del 1 de enero de 2025, un 2% del combustible aéreo que se consuma ha de ser tipo SAF (Sustainable Aviation Fuel), aumentándose paulatinamente hasta alcanzar los objetivos definidos en 2050, cuando se tendría que conseguir, entonces, la ansiada neutralidad climática.

El cambio en las reglas del juego genera un contexto en el que las aseguradoras –que siempre han ido de la mano de la aviación a lo largo de su historia– deben desempeñar de nuevo un papel clave, ya que esta transición no sólo implicará cambios en los combustibles y, en un futuro próximo, en las aeronaves propulsadas por hidrógeno o por baterías, sino también en las propias instalaciones aeronáuticas, con una exposición a nuevos y, quizás, mayores riesgos.

Por lo pronto, parece evidente que, para que la transición sea efectiva, será crucial el apoyo por parte de las aseguradoras a la hora de otorgar nuevas coberturas como, por ejemplo, para garantizar el acceso constante al SAF o cubrir la potencial fluctuación de su precio, o ampliar las ya existentes coberturas, como responsabilidad civil de producto, daños a terceros, etcétera.

Se plantea así un nuevo y muy desafiante escenario para el sector asegurador que pondrá a prueba su capacidad de adaptación a las nuevas necesidades de la industria aeronáutica.

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