by Trevor Lloyd-Jones, gestor de Contenidos de LexisNexis Risk Solutions

Martes, Diciembre 11, 2018

Sabemos que estamos en el camino hacia la autonomía total de los vehículos a motor, mientras crece la importancia de la telemática y el tratamiento de datos en tiempo real para la gestión de seguros y riesgos, pero no está tan claro cómo será este recorrido.

El rumbo de la tecnología lo va a cambiar prácticamente todo a pesar de la incertidumbre de los consumidores

Los resultados del Estudio global de consumidores de automoción de Deloitte demuestran que el porcentaje de consumidores que cree que los vehículos autónomos serán seguros está creciendo. El público va asumiendo el concepto, aunque el 47% de los consumidores estadounidenses aún cree que no serán seguros (en comparación con el 74% de la encuesta del año anterior).

Los puntos de vista varían en todo el mundo. Mientras que el 57 % de los consumidores de Japón y el 48% de los del Reino Unido creen que la conducción autónoma no será segura, solo el 30% de los italianos, el 26% de los chinos y el 25% de los brasileños opinan en este sentido. 

¿Cuándo un coche deja de ser un coche?

Los fabricantes de automóviles están acostumbrados a seguir un ciclo de producto largo que dura alrededor de 10-15 años para lanzar un nuevo producto. Comparemos esto con el ciclo de producto del sector tecnológico o de telefonía móvil, en el que el ciclo de vida no se limita a los atributos físicos, sino que está fuertemente afectado por el software para garantizar la seguridad, la fiabilidad y la continuidad.

A la hora de comprar un smartphone los directores de movilidad de las empresas no piensan solo en proteger el propio dispositivo, sino también en si este seguirá siendo  soportado por el fabricante con actualizaciones continuas de firmware y seguridad.

Adaptación al ciclo de vida de un producto de software

El vehículo conectado va a parecerse en muchos aspectos, al resto de dispositivo conectados presentando problemas de gestión de datos y software muy similares. Serán factores relevantes tanto la seguridad, el coste, y la confianza que proporciona el fabricante de automóviles, como los seguros proporcionados por el sector asegurador.

Los consumidores de Japón, Alemania y Estados Unidos son los más dispuestos a confiar en la conducción autónoma procedente de los fabricantes de vehículos tradicionales.

Curiosamente, el estudio de Deloitte detectó una gran discrepancia entre grupos de edad: mientras que el 70% del grupo más joven (Generación Y y Generación Z) afirmó que estarían dispuestos a confiar en la conducción autónoma si esta procediera de una marca de confianza, esta cifra se redujo al 62% para el grupo de 30 años en adelante (Generación X) y al 56% para el grupo de 50 años en adelante (los nacidos durante el baby boom y antes).

Incertidumbres acompañadas de magníficas oportunidades

Por ejemplo, pensemos en las alertas y la asistencia avanzadas en el vehículo durante la primera notificación de siniestro (FNOL) y en la asistencia en el contexto de los seguros, para la reconstrucción de accidentes y la tramitación automática de siniestros. Existen muchas incertidumbres, pero también increíbles oportunidades a largo plazo.

Con la llegada de los vehículos autónomos veremos cambios en los modelos de seguro, como los nuevos productos vendidos por los fabricantes de automoción y los sistemas de movilidad. Los vehículos se irán haciendo progresivamente más autónomos, más compartidos, más conectados y más electrificados, culminando en el Vehículo 2.0 completo que probablemente nacerá en 2030. Todos los implicados se convertirán en parte de un ecosistema, y no meramente de un «cambio» en el sector.

Los proveedores de seguros y los fabricantes de automóviles necesitarán una visión clara de la evolución del coche conectado, adoptando un ciclo de vida y una mentalidad más parecida a las del software y la tecnología. Para los fabricantes de automóviles, el software y el hardware del vehículo ya no irán juntos del modo que vemos hoy.

Todas las partes implicadas tendrán que trabajar juntas para impedir que la puesta en común de los datos y su protección se conviertan en un punto de bloqueo. La intercomunicación entre sistemas se convertirá en un reto aún mayor que los propios datos.