by Nerea de la Fuente, directora de Suscripción de HISCOX ESPAÑA

Jueves, Mayo 16, 2019

En España, según los datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo a enero de 2019, existían 1.143.015 microempresas: compañía cuyos equipos van de 1 a 9 empleados. En términos porcentuales estamos hablando de más del 86% de las pymes españolas, o casi el 40% de las empresas totales inscritas en la Seguridad Social. Desde un restaurante o una librería, hasta una startup de impresión digital o una agencia de publicidad, el formato de la microempresa es el más habitual en las principales industrias del país y, cómo tal, clave a la hora de comprender la configuración del tejido empresarial español.

Las preocupaciones habituales de cualquier compañía, como son el acceso a la financiación, la búsqueda de clientes, la competencia, la burocracia y regulación, se hacen más evidentes en pequeñas empresas, donde los recursos, tanto humanos como económicos, son más reducidos. A esta realidad, desde hace unos años, se ha sumado la necesidad de estas compañías de desarrollar su propia estrategia de ciberseguridad. 

Según nuestro estudio 'Hiscox Cyber Readiness Report 2019', el 48% de las microempresas españolas analizadas reportó que había sufrido un incidente cibernético en 2018. Evaluando el proceso de detección y gestión del siniestro, en 3 de cada 10 incidentes (33%) la compañía no recuperó su actividad normal hasta pasadas 8 horas, lo que viene a ser una jornada laboral completa. 

En un entorno digital, en el que se encuentran prácticamente la totalidad de las más del millón microempresas que desarrollan su actividad en nuestro país, oportunidad y amenazas entran por la misma ventana. Por ejemplo, el comercio electrónico permite aumentar el número de clientes potenciales de forma exponencial, pero a su vez deja en manos de las compañías información personal e incluso financiera. Y, por lo tanto, la responsabilidad de cuidar y gestionar estos datos es exclusivamente de la compañía.

Por otro lado, imagina por un instante cuál sería el coste económico y de reputación, entre clientes y colaboradores, de no tener acceso a los dispositivos electrónicos durante 24 horas debido a un incidente cibernético. En este sentido, cada vez es más habitual que terceras empresas, ya sean proveedores o partners, exijan una mínima estructura de ciberseguridad o un seguro cibernético para poder firmar contratos.

Nuestra experiencia nos dice que las microempresas españolas no han terminado de comprender la importancia de estar cubierto ante este tipo de incidentes así como todo lo que qué puede ofrecerles una póliza de ciber riesgo. Existe una brecha demasiado grande en la ciberprotección de compañías de diferentes tamaños cuando los hechos demuestran que cualquier negocio puede ser víctima de un incidente de esta naturaleza.

Estamos ante un nuevo paradigma que exige a compañías aseguradoras y corredores de seguros un papel activo y protagonista. Más de un millón de empresas no conocen sus riesgos. Necesitan una solución eficaz y adaptada exclusivamente a su realidad, y nosotros debemos dársela.