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Comunicar en tiempos de fragilidad
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Comunicar en tiempos de fragilidad

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Lucía Casanueva
Socia Directora de Proa Comunicación

Bajaba este domingo por la calle Serrano hacia Goya buscando un kiosko abierto. Iba bien pertrechada con guantes y mascarilla y el momento me hacía recordar la escena de Abre los Ojos de Amenábar, en la que César (Eduardo Noriega) atraviesa una desértica Gran Vía. Una escena que 23 años después parecía premonitoria. Completamente sola en una de las principales calles de Madrid. El lado bonito del asunto es que podía oír el canto de los pájaros.

Ni en la peor de nuestras pesadillas podíamos imaginar una situación como esta; una enfermedad contagiosa difícil de controlar y un Gobierno desbordado que nos atiborra con ruedas de prensa y comparecencias públicas que a las pymes nos generan ansiedad. ¿Qué estoy aprendiendo en estos días de confinamiento? Antes pensaba que la sociedad se componía de personas fuertes y débiles; ahora la pandemia nos confronta con la fragilidad de todos los seres humanos. Mientras escribo estas líneas en España hay 78.797 contagiados y 6.528 compatriotas muertos. El Covid-19 no respeta raza, lengua, religión, clase social o posición económica y eso, nos iguala.

En tiempos de miedo, de convulsión e incertidumbre la comunicación se torna en el elemento esencial. Las empresas somos un grupo heterogéneo que va más allá de los clientes, empleados y proveedores. La enfermedad nos humaniza y posibilita una comunicación más genuina. Decía el Papa Francisco en la bendición Urbi et Orbe del pasado viernes que “la tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, proyectos, rutinas y prioridades (…); “Con la tempestad, se cayó el maquillaje y dejó al descubierto esa pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos”.

Para esta tempestad no había un manual preestablecido. No hablamos ni de un incendio, ni de un conflicto laboral ni de un producto contaminado. Estamos ante un escenario de crisis total y crisis global en la salud, en la economía, en la política y como modelo de sociedad. Por todo ello hay que poner a la persona en el centro y por encima de todo. Ahora todos necesitamos sentirnos protegidos y ayudados por nuestras empresas porque no sólo vivimos de ellas sino que les dedicamos muchas horas de nuestras vidas; ese sentido de pertenencia a una comunidad del que habla el Papa es hoy más importante que nunca.

Para comunicar en tiempos de fragilidad me vale el modelo que aplica el Alcalde de Madrid y que se compone de: cercanía con las personas; sinceridad en la narración de los hechos; claridad en la exposición de los mensajes; rapidez en la toma de decisiones y efectividad en la ejecución de las mismas. Considero que este es el modelo acertado para los tiempos que vivimos. Ahora no vale lo del “protocolo ensayado para situaciones de emergencia y que no sirve improvisar”. Ante una situación que no es comparable con nada de lo acaecido desde la II Guerra Mundial vivimos en una permanente improvisación y debemos actuar a cada paso aplicando grandes dosis de humanidad y de sentido común.

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