Y si para entrar en calor corremos por los niños en Gaza

Por Miguel Benito

Son muchos los fríos que estos días recorren nuestras tierras. Está el frío de la situación económica, el del paro y el de la ola de frío siberiano, que con su masivo seguimiento por los medios de comunicación, aderezado con imágenes de Europa Central y del Este, ha tenido el efecto de dejarnos psicológicamente congelados antes de presentarse. Pues bien, al menos hay dos cosas positivas respecto al frío: una es que aviva la solidaridad, y la otra, recientemente descubierta, es que propicia la grasa parda en el cuerpo con un efecto adelgazante. Vayamos a lo primero, a la solidaridad y al motivo por el que un grupo de aseguradores españoles está dispuesto a ofrecer su tiempo y esfuerzo para que los niños palestinos tengan un respiro en su dura realidad y puedan disfrutar un poquito este próximo verano.

La UNRWA, Agencia de la ONU para los refugiados de Palestina, organizó en mayo de 2011 un primer maratón de caridad destinado a recaudar fondos para financiar campamentos de verano para los niños. No debió salir mal el evento, porque el próximo 1 de marzo de 2012 se celebrará el segundo maratón internacional con alrededor de 50 participantes, 14 de ellos españoles, que recorrerán algo más de 42 kilómetros de la franja de Gaza, en una ruta desde Beit Hanoun, en el norte, hasta Rafah, en el sur. Les acompañarán 2.000 niños que correrán en relevos, mientras que los adultos -atletas olímpicos gazatíes y corredores aficionados internacionales- harán el maratón completo.

La responsabilidad de que la UNRWA y algunos aseguradores españoles se encuentren en esta iniciativa solidaria es de Raquel Martí, directora ejecutiva en España de esta agencia de Naciones Unidas, que contactó con Alfredo Arán, director general de MAPFRE GLOBAL RISK, quien a su vez movilizó a amigos y compañeros; entre estos, Santiago Martín, director general de HDI en España, que lleva corridos 71 maratones desde hace 35 años. Ambos entrenan los fines de semana en la Casa Campo de Madrid.

Alfredo Arán corre por los niños y por la vida. Su cuenta de maratones alcanza los 45. La superación de un cáncer le llevó al ejercicio habitual del running y a participar en cuatro importantes carreras internacionales de caridad. En Londres corrió para recaudar fondos para el SIDA. En Roma, Madrid, Berlín y Estocolmo, Arán y Martín corrieron juntos para recaudar fondos para la ONG Asion, que se ocupa de los niños con cáncer. Entre los dos, en una apuesta que conllevaba el compromiso de correr los cuatro maratones y terminarlos, consiguieron recaudar 70.000 euros.

Alfredo Arán, con voluntad de hierro y una fortaleza física comparable a la de los habitantes de las islas que llevan su apellido en la Bahía de Galway, en la lluviosa Irlanda, realizó otra importante carrera de caridad: La travesía de los Andes, consistente en recorrer 100 kilómetros en tres días por sendas, picos y vaguadas de diversa dificultad en la frontera entre Argentina y Chile. Lo curioso de este atleta es que hace un año superó un infarto de miocardio, con lo cual, él puede como pocos apreciar ese tiempo precioso de descuento personal que constituye la vida. Arán corre para sentir la vida; por la vida, por la suya y por la de los demás. Despierta pasiones entre los que le conocen y dispara el marcador recaudatorio de las causas solidarias. ¡Anímense! Que toda aportación es buena.

En esta ocasión, Arán y Martín estarán acompañados por otros dos representantes del sector: Susana Newell, directora de la División de Aviación de AON, y José María Fabián, socio de la consultora de seguros Miralles & Serra. Nunca el sector asegurador español estuvo tan bien representado en una carrera de caridad. El pasado martes, Raquel Martí comentaba en ‘Todos Seguros’ de ABC Punto Radio que para hacer posibles los campamentos de verano donde pueden llegar a disfrutar hasta 250.000 niños de los 800.000 que se concentran en Gaza, era necesario recaudar un millón de dólares. Ayer, el grupo de los españoles llevaba recaudados 20.872 euros. Una buena cifra a la que todavía le falta un dígito. El de la solidaridad.


La visión de González-Páramo y la misión de España

Por Miguel Benito

Miguel Benito, periodistaEl pasado viernes, José Manuel González-Páramo, uno de los seis miembros del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE) hasta el uno de junio próximo, y candidato a presidir el Banco de España a partir de julio, pasó por RTVE y luego compartió su tiempo con un grupo de periodistas en el marco de un encuentro convocado por la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE). Sus opiniones, o un extracto de las mismas, han sido publicadas en diversos medios. Por mi parte, les transcribo lo esencial de mis anotaciones taquigráficas realizadas en base a su intervención y al aluvión de preguntas posterior.

Un primer mensaje es de confianza. “Las piezas están empezando a encajar”, dijo, y añadió: “Tenemos un gobierno muy competitivo que tiene un diagnóstico de la situación y un sentido de la urgencia”. “Los problemas a que se enfrenta el nuevo gobierno son los mismos de la economía española desde hace años”. Sólo varía la urgencia, la necesidad de imprimir velocidad a las reformas para los tres grandes retos que tenemos planteados: finanzas públicas, mercado laboral y sistema financiero. “Estas tres reformas son los listones con que nos evalúan los inversores extranjeros”.

González-Páramo citó, en primer lugar, el frente de la política fiscal. “Eso de una desviación del 8,2% no ha gustado mucho a los mercados”. España está en un proceso de déficit excesivo. Las finanzas públicas siguen siendo un reto. Hay que cumplir los compromisos y el de España este año es situar el déficit público en el 4,4%. “Si retrasamos esa corrección ahí le va su credibilidad y la capacidad para conseguir financiación”.

Respecto al mercado laboral dijo que las reformas no han tenido el efecto deseado. Hemos estado perdiendo el tiempo. La reforma laboral es muy importante porque enlaza con una mejora en las perspectivas en la recaudación y en la reducción de subsidios. Además, “casi la mitad de la fracción más y joven y más educada del país está sometida a la posibilidad de no encontrar empleo”. “Si al capital humano del futuro le estamos expulsando, estamos perjudicando las expectativas de nuestra economía”. Dijo que el acuerdo salarial alcanzado es bueno porque augura moderación, pero los convenios tienen que descentralizarse mucho más. La segmentación laboral por la diversidad de contratos, y entre fijos y temporales, es suicida para el crecimiento de la economía.

La necesidad de reforma del sistema financiero se justifica porque el sector sigue sobredimensionado. Tenemos entidades saneadas y otras no, y unas contaminan a las otras. Es necesario afrontar con rapidez este tema para que el precio de la colocación de la deuda vaya a la baja. “Si las finanzas públicas están bajo tensión no estarán en condiciones de ayudar al sector financiero”. “Podemos ayudar mucho a Europa si tenemos una hoja de ruta clara”. Ese aspecto es clave: “Que el plan sea transparente y creíble. Tiene que ser reconocido, muy detallado y realista en el tiempo”. Recordó que hay entidades que dejaron su modelo de negocio en el pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

En el año 2008 no se anticipaba que la crisis tuviera la duración y la profundidad que ha tenido y no se sabía que iríamos a una crisis de deuda soberana. Ahora, “si queremos más tiempo, tenemos que encontrar quién nos lo financie”. ¿Quién va a comprar nuestra deuda si no hacemos reformas y no somos creíbles? “La necesidad nunca cierra tratos ventajosos”. “Cuando nos estamos enfrentando a un problema de deuda soy escéptico de que la solución sea generar más deuda”.

Lo primero que tenemos que ganar es la credibilidad que hemos perdido. Llegamos a la crisis con un superávit y un endeudamiento público muy bajo. Ahora tenemos que liberar fuerzas de crecimiento: el mercado laboral, el sistema financiero, etcétera”.

Como pueden observar, el seguro encaja perfectamente como “fuerza de crecimiento” de nuestra economía en los próximos tiempos.

González-Páramo cree que “el mercado está aprendiendo de sus excesos. Primero de la laxitud y ahora de lo contrario”. Y frente a las clasificaciones que nos adjudican las agencias de rating, dijo que “cada vez hay más inversores que hacen su análisis y evaluación del riesgo”.

¿Crisis del euro? No parece. Dijo que es la moneda flotante donde las autoridades son más coherentes. “La evolución brusca de las monedas siempre es negativa para el crecimiento”. Pero el euro es mucho más: “Es una visión del papel de Europa en el mundo en las décadas y siglos que vienen. Es un instrumento de integración en Europa. Durante el tiempo que lleva de vigencia ha creado el triple de empleo que USA”. Apuntó que el nivel de deuda en la zona euro está muy saneado, las tasa de ahorro en el área euro son muy grandes y que el euro, como bloque, tiene los fundamentos más sólidos del mundo. “Los inversores acaban por descubrir que el área más sólida es el área de Europa. Es muy difícil pensar que el euro está en crisis”.


El seguro que desprecia a las personas

Por Miguel Benito

Miguel Benito, periodista

Este martes pasado, en la Fundación Mapfre, tenía lugar la presentación de un estudio sobre la percepción social del seguro en España. Corría a cargo de su directora, Mercedes Sanz, y del presidente del Instituto de Ciencias del Seguro, Filomeno Mira. Aparte de sus conclusiones -que comienzan porque el 72,8% de los españoles cree que el seguro proporciona tranquilidad, aunque el 34% desconoce sus coberturas- algo me revolvía. Días antes, en Marruecos, había sido testigo de hasta qué punto una aseguradora en España puede despreciar un problema humano de un asegurado saliéndose por la tangente con una triquiñuela. Al término de la presentación del estudio, se lo comenté a Filomeno Mira y a Mercedes Sanz. Cuál no sería mi sorpresa cuando Filomeno Mira me contó otra anécdota del mismo estilo en aquel país que obligó a intervenir hasta el mismo presidente de una aseguradora española. Mejor conozcan lo ocurrido y juzguen.

En un viaje combinado de Iberojet, que se supone lleva un seguro de Asistencia incluido -tal y como anuncia en sus folletos-, se recorría en pocos días ciudades, montañas y desierto. Entre los viajeros había una pareja de jovencitos búlgaros que, además, incitados por la oferta de la agencia de viajes en España, donde pasaban sus vacaciones en casa de un familiar, contrataron el seguro voluntario que ampliaba las coberturas obligadas de la mayorista.

El recorrido transcurría según lo previsto. Esta pareja búlgara, empotrada en un grupo de españoles, solo se comunicaba en inglés. Su juventud y su sonrisa cosecharon la simpatía de los compañeros de viaje desde el primer momento. En las ciudades, el operador turístico dispuso de un guía en español y otro en inglés, en este último caso solo para ellos.

Ya antes de llegar a la zona de desierto, en los alrededores de Erfoud, la joven empezó a notar problemas internos de índole desconocida. La pareja se convirtió en el centro de atención del grupo viajero, porque estos jovencitos podrían haber sido nuestros propios hijos. Unos les ofrecían paracetamol o le daban suero fisiológico, otros pastillas y diversos remedios, hasta imposición de manos. Un día después, el 6 de enero, día de Reyes en España, el grupo atravesaba la cordillera del Alto Atlas con destino a Marrakech. El viaje se convirtió en un infierno para la joven y los problemas aumentaron. El guía comentó que seguramente necesitaría atención médica en destino y, ante tal posibilidad, se procedió a contactar por teléfono con el centro de asistencia de la aseguradora del viaje, para la apertura y seguimiento del correspondiente expediente.

Por el teléfono móvil, el joven búlgaro, pareja de la enferma, primero recibió la instrucción de que cuando llegara al hotel, en Marrakech, enviara fotocopia del contrato voluntario de seguro y que se pusiera en contacto con el servicio de asistencia, pero apenas unos minutos después recibió otra comunicación telefónica: esta aseguradora de asistencia –cuyo nombre no facilito porque es obvio que todas no son iguales- rechazaba su implicación porque los viajeros no tenían su residencia habitual en España. Es decir, se desentendía del todo. ¿Alguien advirtió a esa pareja que corría ese riesgo por viajar con Iberojet en un grupo de españoles? ¿Por qué, encima, se les instó a contratar un seguro complementario, expresamente aceptado según la documentación de que eran portadores?

Se pueden imaginar lo que pensaron del seguro y de la aseguradora los muchos compañeros de viaje. El apelativo más suave fue el de estafadores. Lo de esta aseguradora no parece normal. Si la póliza estaba contratada y admitida, difícilmente se puede rechazar el siniestro, en este caso la petición de intervención y seguimiento, y menos aún cuando se trata de ciudadanos de la Unión Europea.

Tomen nota y aprendan porque, según esta filosofía, en los viajes combinados no todos están seguros y asegurados, a pesar de que cada vez son más frecuentes los viajes a distintos destinos no solo de españoles, sino en español. Ciudadanos de una veintena de países que comparten nuestra lengua y se desplazan hasta España para realizar un viaje con españoles, pueden, según esta filosofía, estar excluidos del seguro, pero nadie informa. Ahora bien, siempre cabe la posibilidad que se tratara de un error del gestor telefónico que atendió la incidencia, porque, como ya se sabe, en este tipo de empresas el culpable siempre es el último que ha entrado. Ese que se ha chupado un montón de horas todos los festivos de navidades al teléfono, de día o de noche, que tiene carrera y habla al menos tres idiomas, por 800 euros al mes por 12 pagas anuales, y en el mejor de los casos está contratado como auxiliar según el convenio de Oficinas y Despachos.

Sean sinceros: ¿de verdad todo en el seguro es una maravilla?



Montoro y De Guindos, un tándem para enderezar la economía

Por Miguel Benito

Ayer conocimos los nombres de las personas destinadas a reorientar el rumbo de la varada nave económica que representa este país en el actual momento. Los nombramientos no defraudaron. Que Cristóbal Montoro ocuparía un ministerio era algo descontado, pero no estaba claro cuál sería, si bien es verdad que no se le hacia en Economía por no dominar otros idiomas. Sin embargo, ha tenido el mejor acomodo. Como nuevo ministro de Hacienda y Administraciones Públicas tendrá que lidiar de forma potente con la política  interna; diseñar los presupuestos; sugerir recortes y nuevas fuentes de ingresos; diseñar una fiscalidad que relance tanto el ahorro –y no hace falta decir que el más interesante es de largo plazo- como el consumo; parar los pies a las administraciones autonómicas en sus aspiraciones de gasto o de nuevos pactos fiscales y encarrilar las cuentas públicas hacia el déficit cero.

Este tándem recuerda al formado en su día por Rato y Montoro, que dejó un buen recuerdo, aunque para otros muchos, de aquellos polvos vienen estos lodos. Sin embargo, el nuevo tándem será al revés: será el de Montoro y De Guindos. No cabe la menor duda de que Cristóbal Montoro, como persona de confianza de Rajoy, afiliado al partido, además de su actividad, coordinará y ejercerá algún tipo de autoridad moral con el nuevo ministro de Economía y Competitividad, el independiente Luis de Guindos, que fue secretario de Estado de Economía en el anterior gobierno del PP, y que el pasado viernes, última vez que tuve ocasión de verle, dijo, y sonó sincero, desconocer quién sería el próximo ministro de Economía. 

El 17 de octubre, un grupo de periodistas mantuvimos un desayuno con Luis de Guindos. Sobre el contenido del encuentro publiqué en este blog una reseña al día siguiente bajo el título: ‘Déficit y crecimiento económico, los mayores problemas para Luis de Guindos’. Mucho de lo expuesto todavía puede considerarse de actualidad. Por otro lado, hace unos días recibí un mensaje de Mariano Guindal, a quien editorial Planeta califica como uno de los periodistas económicos de mayor prestigio de España, en la que me invitaba a la presentación de su libro El declive de los Dioses. Secretos de la transición económica española…, que sería presentado por su amigo Luis de Guindos. Le dije que acudiría para que me firmara el libro, que mis hijos me habían regalado sabedores de nuestra amistad. Guindal respondió a mi mensaje: “Es curioso lo que está pasando, fíjate que escribí el libro pensando en los jóvenes y lo están leyendo la gente de nuestra generación. Es como si tuviéramos que mirar el pasado para reconciliarnos con nosotros mismos”.  Y añadió que todo ello sin perder la esperanza de que los jóvenes lean el libro.

El pasado viernes por la mañana, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicaciones de la Universidad Complutense, en un acto con pocos jóvenes y muchos veteranos, De Guindos habló de la oportunidad que representa el mandato claro de las urnas recibido por Mariano Rajoy para enderezar la situación económica y acabar con la hemorragia del paro.  Se refirió a que la política económica tiene que basarse en dos pilares, como son la austeridad, para reducir el déficit, y en las reformas económicas, pero evitando el vicio de que la excesiva austeridad no permita impulsar el crecimiento.

Guindal y De Guindos hablaron del mercado laboral. De Guindos opinó que es necesario introducir flexibilidad en las empresas, porque tenemos el peor comportamiento laboral de todos los países de nuestro entorno.  Ambos parecieron coincidir en que eso no llevara aparejada una movilización social desde los sindicatos, porque la sociedad está muy sensibilizada y se los llevaría por delante. Guindal dijo que España superará esta crisis, como siempre ha hecho, y que ésta constituye una oportunidad porque obliga a contar con iniciativas y estrategias. Por esas palabras optimistas, fue felicitado personalmente mientras firmaba dedicatorias en la copa que ofrecieron a continuación. Por mi parte, quedé sobradamente recompensado con su dedicatoria: “A nuestro amigo y compañero, que tantas cosas buenas ha hecho por nosotros, y que nunca podremos agradecer suficiente. Gracias. Recibe esta crónica de un viejo periodista que con este libro pone punto final a su carrera, una profesión que ha compartido contigo con enorme satisfacción. Gracias por tenernos como amigos...”.
 

"Prima que ganar", un cuento de Navidad

Por Miguel Benito

Confieso mi devoción por Julio Verne, que tenaz y rebelde fue capaz de marginar su carrera de abogado o su trayectoria como agente de bolsa para dedicarse a su verdadera vocación: escribir. Primero obras y folletines de teatro, luego, a veces por entregas, exitosas novelas de aventuras.

Hace poco conseguí una nueva obra de Verne, Hombrecillo: Aventuras de un niño irlandés, basada en las peripecias de un huérfano desarrapado, ‘Hormiguita’, en la Irlanda de la segunda mitad del siglo XIX, que desde menos de cero llegó a convertirse en comerciante de éxito y persona agradecida con todos aquellos que le brindaron amor y ayuda. La lectura, frente a las llamas de una chimenea, con una jarra de negra Guinness de espumosa cebada, evocando la verde Irlanda en estas noches de frío y niebla serrana, rozó el encanto. Y para que no faltara de nada, el libro tenía también un episodio dedicado a los agentes de seguros en esa Irlanda donde gobernaba un virrey de Inglaterra y donde el hambre, el frío y la necesidad, eran endémicos. Muy superiores a los narrados por el desaparecido Frank McCourt en Las cenizas de Ángela.

La descripción que hace Verne en este libro sobre la actuación de un agente de seguros ocurre en el capítulo XI, que lleva por título ‘Prima que ganar’. A la vieja Hard, achacosa bebedora, que por cuenta de una institución cuida huérfanos y gasta en ginebra lo que debería dedicar a la manutención de tres niños, se le aparece un agente, pero no de la policía, como creyó en principio temerosa, sino de seguros. “Era uno de esos corredores que crecen a través de los campos como los cardos en las tierras malas. Recorren las ciudades buscando asegurar la vida de los niños, en tales condiciones, que vale tanto como asegurar su muerte. Por algunos peniques al mes…” . Los tutores, como la Hard, podrán tener la “seguridad de cobrar una prima de tres o cuatro libras a la muerte de aquellos seres. De aquí la tendencia al crimen, y un móvil tan poderoso que, por el aumento en una enorme proporción de la mortalidad infantil, ha llegado a ser un peligro nacional. A las abominables oficinas de esta clase, mister Day, presidente del Tribunal de Wiltshire, las ha tratado con justicia de escuelas de ignominia y de asesinato. Después, el sistema se ha mejorado por la ley de 1889, y no se extrañará que la creación de la “Sociedad nacional para la represión de los actos de crueldad con los niños” dé actualmente algunos buenos resultados”.

El agente explica a la vieja Hard que tienen varios centenares de niños asegurados en las granjas de Donegal, “y si nada puede consolar de la muerte de uno de esos pequeños seres a los que han rodeado de atenciones, al menos hay una compensación…bien pequeña, lo confieso, de cobrar algunas guineas de buen oro inglés, que nuestra compañía es dichosa en ofrecer”. Y a la pregunta de que si se cobraba sin dificultad, el agente responde: “Sin dificultades, señora. Desde que el médico ha certificado la muerte del niño, no hay más que ir a casa del representante de la compañía”. “¡Quedamos desolados cuando sucumbe uno de ellos!...”

“¡No! No quedaban desolados aquellos aseguradores cuando la mortalidad no pasaba de cierto límite. Y ofreciendo asegurar a la moribunda, el agente tenía la certeza de hacer un buen negocio, como lo demuestra la siguiente respuesta de un director: ‘Al día siguiente del entierro de un niño asegurado, hacemos más seguros que nunca’. La conclusión es que estas compañías y sus clientes deben ser vigilados muy de cerca. Pero en el fondo de una aldea semejante se estaba lejos de toda inspección”.

Todo el capítulo es una mina de ingenio con un fondo que describe la realidad de aquellos tiempos. Así, la Hard decide pagar los nueve peniques por los tres niños a su cargo, a razón de tres por cada niño y mes, en la seguridad de que la niña enferma que cuidaba moriría sin más. “El mes próximo vendré a recoger la pequeña suma, y espero encontrar a sus pensionistas en perfecta salud, hasta a esa niña a quien sus sacrificios acabarán por curar. No olvide que en nuestra vieja Inglaterra la vida humana tiene un gran valor, y que cada muerte es una pérdida para el capital social… ¡Hasta la vista, señora, hasta la vista!”.

Y dice Verne narrador: “En efecto, en Reino Unido se sabe exactamente lo que vale una existencia inglesa; ciento cincuenta y cinco libras, que es en lo que se estima el tipo en el que se mezcla la sangre de los sajones, de los normandos, de los cambrianos y de los pictos”.

Según está descripción, que mezcla un poco de comedia, con una realidad llevada a la ficción novelada, la fama de algunas aseguradoras estaba en entredicho. No cabe duda que Julio Verne tenía una opinión al respecto que deja traslucir en el texto: las actuaciones de las aseguradoras deben ser vigiladas. Cosa nada fácil, por cierto. Aparte de sigilos y cautelas estratégicas, la relación con los divulgadores puede describirse como de toma y daca. Te cuento esto, pero de esto otro no existe nada.

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